Domingo 19 de octubre de 2008, San José, Costa Rica
Nacionales | XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Al César lo que es del César
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    Dar a Dios lo que es de Dios es fácil, pues de él, es la gloria y la paz y el plan para dar al ser humano su realización. Internet.

Álvaro Sáenz Zúñiga, Presbítero
redaccion@aldia.co.cr

El Evangelio de hoy nos propone un momento tenso en la vida de Jesús. Unos maliciosos le preguntan si los judíos deben pagar impuestos al César o no.

El tema es peligroso. Si dice que sí, se pondría de parte del César, aceptando el yugo sobre el pueblo. Si dice que no, entraría en rebelión contra Roma. En ambos casos una respuesta ingenua sería peligrosa. Pero Jesús soluciona la cosa reconociendo que, en el fondo, a cada cual corresponde lo de cada cual.

El Papa Benedicto XVI, distinguiendo entre laicidad y laicismo, decía al presidente de Francia que veía con buenos ojos la opción francesa por una “laicidad positiva”, una justa separación entre la Iglesia y el Estado.

Esto soluciona el conflicto de tantos países, en que los “laicistas” desprecian la Iglesia e insisten en callarla, en meterla a la sacristía. El Santo Padre ve conveniente distinguir lo político de lo religioso, siempre y cuando lo político sea responsable, atienda la justicia y proteja a los más necesitados.

El Papa recordaba cómo Cristo zanjó la discusión al decir: “den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

Dar “a Dios lo que es de Dios” es fácil. Tiene supremacía sobre todas las cosas creadas y de él es la gloria y la paz. De Dios es el plan para dar al ser humano realización plena y da la orden de que el mundo llegue a su plenitud. De Dios es todo.

Ahora bien, para “dar al César lo que es del César” debemos ser cautelosos. Del César es, sin duda, el manejo político y la toma de decisiones en áreas del quehacer temporal: economía, salud pública, reglas del mercado, correcto uso de las riquezas, justicia terrena, procesos de paz, etc. Además, recordemos que César (al Estado) toca proveer a los desposeídos.

Pero no es tan fácil establecer y separar los campos adecuadamente, porque por lo general, al César corresponden tareas que Dios ha establecido para el beneficio de todos.

Y la Iglesia, formada por seres humanos, no intervendrá siempre y cuando el César, ¿el ser humano?, sea respetuoso de sí mismo y de sus hermanos. De otra manera la comunidad eclesial podrá opinar y será escuchada.

Ahora bien, si se trata de una moneda acuñada por el César, evidentemente hay que dársela, es suya: “Al César lo que es del César”. Pero todo se complica cuando esa moneda manipula el gobierno del mundo, se opone al bien común, embota la injusticia o se sirve de la especulación, abusando o se endiosándose.

El proyecto humano es de Dios. Quienes asuman la tarea de llevar adelante el mundo, a manera del César, deberán saber que al final darán cuenta a Dios de su administración.

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