|
Duro
El nuevo presidente boliviano, Carlos Mesa, anunció ayer sanciones para los responsables de las muertes ocurridas durante la crisis en el país.
|
Bolivia cuesta arriba
Río de Janeiro/AP. La convulsión social y política que llevó a la renuncia del presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada el viernes, cerró un capítulo en los esfuerzos por acelerar la modernización de ese país, pero aún queda abierta una interrogante clave: ¿Qué vendrá ahora?
Los expertos indican que el nuevo presidente, Carlos Mesa, tendrá una difícil tarea por unir a los grupos sociales de ese país y convencer a los bolivianos de que los sacará de la crisis.
Mesa anunció ayer sanciones para los responsables de las muertes ocurridas durante la crisis en el país “sin entrar en venganzas, pero sin olvido y con justicia”.
Subrayó que esa no es una tarea fácil y que es más bien “compleja y difícil”. “Pero cuento con la voluntad de ustedes”, aseveró entre los aplausos de cientos de habitantes de El Alto, considerada la ciudad más pobre de Bolivia.
Ayer, los habitantes de La Paz volvían a las calles, reabrian los comercios y limpiaban su ciudad, aliviados por el fin de la crisis política que concluyó con la designación de Carlos Mesa.
Encrucijada
Algunos expertos creen que las condiciones económicas se mantienen rodeadas de nubarrones y que son el mayor desafío de Carlos Mesa, el vicepresidente que tomó juramento la noche del viernes como nuevo presidente.
El cambio de mando puede mejorar la atmósfera para el diálogo entre todos los líderes bolivianos. Pero el telón de fondo no ha mudado. “Es la crisis social exacerbada por la pobreza”, dijo el profesor William Goncalves, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Sánchez de Lozada enfrentaba tres grandes problemas que sobrecargaron sus 14 meses en la presidencia: fue electo con el 22 por ciento de los votos, heredó un déficit presupuestario del 8,5 por ciento del producto territorial bruto, un porcentaje enorme bajo cualquier parámetro. Y el acuerdo de gas con Brasil no marchaba: el gasoducto construido a un costo de 2.000 millones de dólares estaba subutilizado por Brasil, que compraba solo una fracción de lo que había acordado comprar.
Irónicamente, los esfuerzos de Sánchez de Lozada para encontrar nuevos mercados para el gas de su país fueron el detonante de su caída. Las reservas bolivianas de gas natural son ingentes, superadas solo por las de Venezuela en América del Sur.
Con el acuerdo con Brasil en jaque, Bolivia necesitaba de nuevos mercados y la costa oeste de Estados Unidos parecía prometedora.
Pero un fantasma del pasado complicaba la idea. En una entrevista con la AP en abril, Sánchez de Lozada admitió que, a pesar de los costos más altos, la mayoría de los bolivianos se inclinaba por un puerto peruano para llevar el gas hacia el Océano Pacífico en ruta a México y California.
“No será una decisión fácil si el gas va por Chile”, dijo, aludiendo a la nunca superada rivalidad con ese país, con el cual Bolivia perdió una guerra y toda su costa sobre el Pacífico en 1879.
El nuevo gobierno hereda otro grave problema. En las semanas de violencia, miles de campesinos convergieron sobre La Paz y otras ciudades condenando no solamente la idea de exportar gas por Chile sino la exportación misma, bajo el razonamiento de los opositores que el gas debe ser primero utilizado en Bolivia.
|