Viernes 16 de enero, 2004. San José, Costa Rica.



 

Trabas En Nicaragua se están denunciando los abusos migratorios contra los nicaragüenses que emigran a Costa Rica. En la foto, un grupo de nicaragüenses hacía fila en Peñas Blancas, para ingresar al país.

Denuncian a policías “ticos”

(La Prensa de Nicaragua publicó ayer el siguiente reportaje, escrito por el periodista José Adán Silva, en el que revela abusos contra nicaragüenses residentes en el país)

San José, Costa Rica - “Las leyes son las leyes y hay que aplicarlas con rigor”, afirmó el director general de Migración de Costa Rica, Marcos Badilla, al explicar el endurecimiento de las medidas migratorias de ese país hacia los inmigrantes nicaragüenses que no presenten pasaporte al entrar a suelo costarricense.

Un equipo de LA PRENSA constató durante siete días en diversas partes de Costa Rica, que las medidas migratorias, aunque legítimas y legales, van acompañadas en muchos casos de abusos de autoridad, maltrato verbal y hasta violaciones de derechos humanos para los nicaragüenses inmigrantes que cruzan la frontera en busca de un trabajo.

Además:

  • Peligro y rechazo
  • El equipo comprobó lo que es un secreto a voces entre los inmigrantes: detrás del discurso político de la hermandad entre ambas naciones, existe un comportamiento social de rechazo para la mayoría de los nicaragüenses pobres, legales e ilegales, que buscan mejores oportunidades de vida al sur de sus fronteras.

    Muchos nicaragüenses se quejan de que las autoridades ticas les piden documentos migratorios en buses, restaurantes, bares, parques y otros lugares públicos. Afirman que si no los tienen a mano, los llevan detenidos a una estación policial y los deportan sin darles chance de recoger sus pertenencias.

    También denunciaron que si los policías ticos los encuentran tratando de penetrar de manera ilegal, muchas veces los ofenden, les arrebatan sus documentos y si éstos están vencidos, se los rompen y los mandan de regreso.

    “Lo único que estoy haciendo es aplicar la ley general de inmigración, simplemente -dijo Badilla-. Sé que hay muchos aspectos de carácter humano que... pero yo no puedo dejar pasar que vengan familias con niños y todo eso, no puedo dejarlos pasar porque están de una manera ilegal”.

    Badilla espera que la Asamblea Legislativa apruebe este año una nueva ley migratoria, que cambie las condiciones, porque la actual está vigente desde 1987 y necesita modernizarse.

    El Ministerio de Seguridad Pública anunció ayer lo que Badilla había pronosticado a LA PRENSA días antes: las autoridades costarricenses analizan la posibilidad de cancelar el estatus de residentes a más de mil nicaragüenses, que fueron rechazados en la frontera y devueltos a Nicaragua porque intentaron utilizar la cédula de residencia como documento de viaje (a finales de diciembre y principios de enero).

    La cifra de nicaragüenses rechazados en la frontera con Costa Rica, aumenta cada año. En el 2002, 34 mil nicas fueron rechazados y regresados a Nicaragua, mientras en el 2003 fueron más de 44 mil los nicas rechazados, informó Badilla.


    Peligro y rechazo

    José Adán SILVA, de La Prensa de Nicaragua / Al Día

    “Fuera nicas”, dice un graffiti en la pared de un baño público en la frontera de Peñas Blancas, Costa Rica. Alrededor del escrito, en letras de todo tipo y colores, se escribieron infinidad de insultos y ofensas contra los nicaragüenses que entran a Costa Rica en busca de mejor vida.

    La frase, común en el resto de baños públicos de Costa Rica, no es en balde. Durante siete días, en viajes por varias provincias de ese país, un equipo de LA PRENSA concluyó que pese a las oportunidades de empleo y otros beneficios sociales que ofrece, Costa Rica, es una “caja de Pandora” para el nicaragüense inmigrante común: la esperanza del empleo existe, pero para materializarla hay que pasar por abusos y vejámenes.

    La travesía comenzó el miércoles 7 de enero en horas de la noche, en la frontera de Peñas Blancas. Ahí hicimos contactos con un par de “coyotes”, quienes se ofrecieron a cruzarnos “seguro”. El pago era de $50 cada uno “por ser un trabajo especial”, ya que según él, pasar de noche es más “seguro” pero más peligroso.

    Aceptamos el trato y acordamos esperar al “coyote” en un restaurante de la zona. Los “coyotes”, a quienes sólo logramos conocer como “Tito” y “El Negro”, no tenían mucho que explicar: que le cobran a la gente un mínimo de “cinco rojos” (¢5.000), equivalentes aproximadamente a 170 córdobas; que nadie garantiza que una vez que estén al otro lado de la frontera, podrán llegar a su destino, y tercero, que hacen el trabajo por desempleo. Dicen que vinieron a Nicaragua a visitar a sus familias en diciembre, y al igual que unos cinco mil nicaragüenses más, no pudieron regresar a sus trabajos por falta de documentos. Expresan que están agradecidos, porque Costa Rica les ha dado oportunidades que no se las dan en su país, pero aseguran odiar a las autoridades ticas.

    “Uno se va por necesidad, usted sabe ’maje’, que la necesidad tiene cara de perro, y así es como nos ven los tiquillos ’maje’ como perros”, dice “Tito”.

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