Domingo 9 de mayo, 2004. San José, Costa Rica.



 

RESPUESTA

Castigo excesivo

Anna Moscarelli
PresidentaGrupo Papagayo

Quizás una confusión por nuestros idiomas maternos diferentes –el de la periodista Mónica Umaña y el mío– nos impidió comunicarnos adecuadamente el 3 de mayo, provocando que la información publicada al día siguiente en Al Día contuviera algunos errores, que deseo esclarecer.

Me parece algo sensacionalista el título del artículo (“Polémica por cierre de hotel- Falta de pago de impuestos”), pues a todas luces induce a pensar lo que hemos rebatido desde el principio de esta discusión: que el hotel no fue cerrado por “falta de pago de impuestos” o por la “suma significativa” adeudada al fisco, o por “irregularidades en el pago de impuestos desde enero del 2002” , que son los argumentos utilizados por la Dirección General de Tributación Directa, mediante don José Armando Fallas.

El Hotel Nakuti Resort fue clausurado por una presentación tardía en la declaración de impuestos, tal como se consigna en el artículo. Y este hecho no está vinculado con las declaraciones de impuestos pendientes de pago, ya que la Administración Tributaria tiene procedimientos (como los arreglos de pago) para paliar la cancelación de sumas importantes adeudadas.

En nuestro caso, una acumulación fuera de lo normal ha sido la consecuencia de lo que sufrimos muchos inversionistas en el área del turismo, tras los atentados del 11 de setiembre, al punto de que ha producido la quiebra de sólidas empresas.

Como prueba de lo dicho, le adjunto, doña Mónica, el oficio del Ministerio de Hacienda, en el que se consigna el convenio de fraccionamiento de pago, que suspende el proceso de la oficina de Cobros Judiciales contra Hotelera San Francisco de Asís.

Si polémica ha de haber, es aquélla que señale la justicia, o no, sobre la rigurosidad del castigo de la Administración Tributaria. Y preguntarnos: “¿Quién cumplió este castigo?”. Nosotros como empresarios, aunque marginalmente, si se le compara con el que sobrellevaron los clientes que se encontraban en el hotel, quienes no pudieron seguir disfrutando de aquello por lo cual pagaron en sus países.

Imagínese, doña Mónica, estar en un supermercado, haber hecho las compras de su quincena, haberlas cancelado, tenerlas listas y empacadas en su carrito para llevar, y que llegue el Ministerio de Hacienda, cierre el supermercado (por presentación tardía de los impuestos de ventas) y le haga salir, pero sin permitirle llevarse sus compras.

Así es como se sintieron esos turistas: después de pagar sus vacaciones en sus respectivos países, les obligaron a salir del hotel.

¿No es excesivo el castigo? Estos cuestionamientos son dignos de polémica, y es superficial querer taparlos con argumentos que no vienen al caso.

Abramos la discusión a lo que es realmente importante.

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