Domingo 9 de mayo, 2004. San José, Costa Rica.



 

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Leonardo Da Vinci es una figura muy atractiva, misteriosa. Eso lo aprovecha Dan Brown –autor de “El Código Da Vinci”– para convertirlo en uno de los personajes de su libro.
Foto ilustrativa/Al Día

Escándalo servido

Una novela policiaca es el éxito literario del año. Mientras millones la leen, la Iglesia Católica dice que es blasfema. La polémica está garantizada en “El código Da Vinci”

Ovidio MUÑOZ

Muchos siguen sin entender cómo vende millones un libro al que creen malo. Al autor, el británico Dan Brown, eso no le importa siempre y cuando su cuenta de banco siga creciendo. Está tan sonriente como la misma Mona Lisa.

La obra se llama “El Código Da Vinci” y hay quienes la definen como un Harry Potter para adultos. Al tratar de explicar su éxito hay quienes dicen que se debe a una mezcla particular de ingredientes: un personaje como Leonardo Da Vinci, las insinuaciones de que en sus cuadros hay secretos, la afirmación (nada nueva, por cierto) de que Jesús tuvo hijos con María Magdalena y, que una unión entre El Vaticano y el Opus Dei (al que pertenece un asesino presente en la novela) permitió ocultar esa, y otra, información sobre Cristo.

El libro se vende a razón de millones y ocupa los lugares de privilegio en las listas de “bestsellers”, pero no a todos les gusta. “La leí, y me parece una novela pésima, sin ningún sentido, de muy poco valor, aburrida, poco imaginativa, un refrito de un montón de temas mal hilados”, dice el escritor nacional Fernando Durán Ayanegui.

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Según el libro, la figura a la derecha de Jesús en “La última cena”, pintada por Da Vinci, es María Magdalena. Para muchos, la afirmación es más que descabellada.
Foto ilustrativa/Al Día
Fiebre contagiosa

El fenómeno de ventas se ha repetido en Costa Rica; algunas librerías han debido crear listas de espera. Otras, como la tienda Libro Max del Outlet Mall, en San Pedro, ya recibieron los ejemplares suficientes para satisfacer a los lectores. “Mucha gente lo ha buscado, se vende muy bien”, explica Yanin Vindas, administradora del local.

“El Código Da Vinci” llegó a la Librería Internacional el año pasado, y su comportamiento ha sido igual que en otros mercados: el más vendido. Hasta hoy, los curiosos de todo el mundo se han llevado 30 millones de ejemplares en los idiomas más diversos.

El libro se comporta como le gusta a las editoriales, que no cuestionan la calidad si deja buenas ganancias. Incluso, algunas están sorprendidas. La que lo comercializó en España sigue sin entender las razones de tantos pedidos. “El ritmo de venta, medio millón al trimestre, nos hace pensar que en un año superaremos el millón de ejemplares”, le dijo Joaquín Sabaté a El Mundo.

Amenaza con más

Aunque medio mundo se ha vuelto loco con su libro, el autor guarda distancia: no aparece con frecuencia, concede poquísimas entrevistas, y dicen que se retiró a escribir, con los dedos cruzados, un libro que se llamará “The Solomon key”.

De Brown se sabe que es hijo de un profesor de matemática y de una especialista en música sacra, que nació en Exeter (Reino Unido), y que no destacó en nada antes de hacer millones escribiendo mala literatura. Le ha ido bien; sus obras “La fortaleza” y “Ángeles y demonios” también vendieron millones.

Pero volvamos a los ingredientes de “El Código Da Vinci”. Entre muchas otras cosas, Brown dice en él que Jesús “tuvo algo” con la Magdalena, que es ella quien está a su derecha en el cuadro “La última cena”, de Da Vinci (y no el apóstol Juan); que en el mismo cuadro no se ve la copa usada por Cristo (el santo grial) porque grial fue una palabra clave utilizada para decir, sin levantar sospechas, que María Magdalena esperaba un niño de sangre real, hijo de un rey, de Jesús.

El tema de la copa es solo uno de los que más ha permitido criticar a Brown por su falta de conocimiento. “La verdad es que no sale el cáliz porque el cuadro está describiendo la última cena tal como sale en el Evangelio de San Juan, sin institución de la Eucaristía, más concretamente cuando Jesús avisa 'uno de vosotros me traicionará'”, aclara el portal católico www.aciprensa.

Manzana prohibida

¿Son nuevas esas “revelaciones” del autor? No. Algunas de esas ideas son “tan viejas como tirar cachiflines”, dice Durán Ayanegui. Lo mismo creen otros críticos del libro. “Ni siquiera es una mala novela (...) Es uno de esos libros rápidamente confeccionados a partir del guión original de una mala película para ser vendido junto con (las palomitas) y la Coca”, dijo el escritor y periodista Rodrigo Fresán en el diario argentino Página 12.

¿Si es tan malo, por qué es tan exitoso? “Yo no lo entiendo. Me sorprende. Solo es un 'betselerazo' de esos que da la mercadotecnia. Si acaso tiene algunas cosas ingeniosas en la parte detectivesca. Pero la gente pierde el tiempo leyéndolo”, añade Durán Ayanegui.

La Iglesia Católica –cuestionada en el libro– se ha defendido atacando. “Ningún cristiano debe leerlo. Debe leer las cosas que le ayuden a solidificar su fe, no las que puedan confundirlo”, dijo el obispo chileno Juan Ignacio González, del Opus Dei. “Con la excusa de haber escrito un libro de ficción, el autor presenta una imagen muy negativa de la Iglesia Católica y el Opus Dei, que en nada se corresponden con la realidad”, dijo el Opus en un comunicado.

Sin embargo, afirma Fresún, esa posición no ha hecho más que alimentar las ventas. “Ya se sabe: no hay mejor publicista que la Iglesia a la hora de denunciar algo que no le guste. Alcanza con que condene algo para que los fieles e infieles salgan corriendo a morder la manzana prohibida”.

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