Domingo 12 de septiembre, 2004. San José, Costa Rica.


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Vista de la llamada “Zona Cero”, donde estaban las Torres Gemelas, durante el amanecer de ayer.
EFE/Al Día

A puro dolor

Nueva York recordó ayer a las víctimas de los atentados. Ticos cuentan su experiencia a tres años del 11 S

Jéssica I. MONTERO SOTO

* Con información de las agencias AFP, AP y EFE

Tres años después de los ataques terroristas del 11 de setiembre hay un denominador común entre el dolor de los familiares de los muertos y la cacería de los culpables: ninguno acaba.

Ayer, reunidos en la Zona Cero, en Nueva York, los parientes de las casi 3.000 víctimas recordaron la pesadilla que empezó aquel martes por la mañana con los atentados contra el Centro Mundial de Comercio y el Pentágono.

Además:

  • “Quedé muy afectada”
  • “Estamos en reconstrucción”
  • “Me siento segura”
  • “Tocó los corazones”
  • “Hace daño recordar”
  • La ciudad –ya se sabía– nunca será la misma. La seguridad sigue siendo extrema. Los sobresaltos aparecen a menudo.

    Cinco costarricenses –dos diplomáticos y tres profesionales de empresas privadas– que viven allá cuentan sus experiencias en el Manhattan actual.

    Aunque existen semejanzas, las opiniones y las emociones reflejan los cambios ocurridos.

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    Un bombero neoyorquino lloró ayer frente al estanque memorial ubicado en donde estuvo el Centro Mundial de Comercio. Centenares de rescatistas fallecieron ahí tratando de salvar a los trabajadores de las Torres Gemelas.
    AP/Al Día

    “El dolor cambia, transforma al ser humano, pero es algo irracional y afecta el funcionamiento de las personas. Eso se refleja en cada parte de la sociedad”, dice aquí la socióloga costarricense Martha Muñoz.

    El sitio donde estuvo el Centro Mundial de Comercio, en Nueva York, un área desolada, es al mismo tiempo imán y repelente. Mientras el año pasado tuvo casi tres millones de visitantes, los sobrevivientes hacen todo por no acercarse. Esa ambigüedad señala parte de la vida diaria neoyorquina: si al principio compartían el dolor y la solidaridad, hoy los corazones se dividen entre el apoyo y el rechazo al gobierno, a la guerra, al miedo.

    ¿Y el memorial en honor a las víctimas? La unión de los estadounidenses tras los ataques no evitó las batallas legales sobre diseño, derechos y plazos de construcción en la Zona Cero. Aunque ya hay un plano y se proyecta levantar allí la torre más alta del mundo (541,3 metros), los avances desde que se puso la primera piedra –4 de julio pasado– son mínimos y la fecha fijada para concluir el complejo (dos estanques, dos complejos culturales, una estación de trenes y cinco edificios de oficinas) está en el 2013.

    Sin respuestas

    El acto oficial en honor a las víctimas fue ayer en la Zona Cero a partir de las 8:46 a.m. (6:46 a.m. en Costa Rica). No hubo ningún representante de alto rango de la Casa Blanca. “Un hombre que pierde a su esposa es un viudo. Una mujer que pierde a su esposo es una viuda, pero no hay nombre para un padre que pierde a un niño, porque no hay palabras para describir ese dolor”, dijo Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York.

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    La emoción y los recuerdos afectaron el ánimo de los asistentes a la ceremonia en Manhattan.
    AFP/Al Día

    A muchos les sorprendió el “bajo perfil” con que se recordó la tragedia este año, ensombrecida por un nuevo video de Al Qaeda lleno de amenazas, la cercanía de las elecciones presidenciales (el 2 de noviembre) y los recientes actos terroristas en Rusia e Indonesia. También se cumplen seis meses de los atentados en Madrid, ocurridos el 11 de marzo.

    Algunas agencias de noticias aseguran que a estas circunstancias se unen los resultados “poco visibles” del gobierno en la llamada “guerra contra el terrorismo” y el informe entregado por la Comisión Nacional de Ataques Terroristas en julio pasado, en el que se señaló, entre otras cosas, que “ninguna medida adoptada por el gobierno de Estados Unidos entre 1998 y 2001 obstaculizó o retardó la ejecución de atentados de Al Qaeda. En todos los ámbitos de poder hubo fallos en materia de propuestas y acción gubernamentales; la gestión fracasó”.

    La investigación oficial sigue, lo mismo que la captura de supuestos terroristas. Sin embargo, hasta ahora no se ha probado en un juicio la participación de alguna persona en el atentado.

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    Una niña, no identificada, participó ayer en los actos recordatorios en la Zona Cero.
    AP/Al Día

    Las familias de las víctimas se dividen entre quienes ven la guerra como el mejor método para combatir a Al Qaeda y quienes esperan respuestas tangibles, datos y menos sangre. Durante la convención nacional del Partido Republicano (en el poder), celebrada en Nueva York, en medio de las manifestaciones, se presentaron grupos contrarios a que el ataque terrorista se utilice como parte de la campaña de reelección de George Bush.

    Ojos ticos

    Aquel 11 de setiembre del 2001, las ticas Pilar Madrigal y Karla Pericón se salvaron de milagro. Ambas trabajaban en las Torres Gemelas, pero Pilar entraba a las 9 a.m. y Karla –aunque ya estaba trabajando– logró salir a tiempo.

    Pilar dice que su vida ya casi volvió a la normalidad. “Me siento segura, pero mucha gente no”, dice.

    Por su parte, Karla lucha contra enfermedades provocadas por el polvo y quién sabe cuántas cosas más que respiró durante el atentado. “Tengo asma y los ojos me quedaron afectados”, asegura. Como ella, unos 500 socorristas que atendieron la emergencia sufren hoy secuelas físicas. Mauricio Sandoval estaba a trescientos metros de las torres, lo mismo que el cónsul Otto Roberto Vargas. La embajadora alterna de Costa Rica en las Naciones Unidas, Marielena Chassoul estaba un poco más lejos. A pesar de la fuerte presencia policial, las estrategias de evacuación y los mensajes positivos del alcalde, ninguno de los tres se siente seguro, y así lo dicen.

    Estados Unidos declaró este jueves un “mes de alerta nacional” con el fin de que los ciudadanos se preparen para enfrentar un eventual atentado. Unos califican la medida como manipulación del terror. Otros la llaman precaución. Y entre las dos opiniones está la ciudad más cosmopolita del mundo, en alerta permanente, con los ojos puestos en la mañana trágica de un 11 de setiembre.


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    Karla Pericon
    Manuel VEGA/Al DíaAl Día

    “Quedé muy afectada”

    “Tres años después la ciudad tiene más ánimo. Hay muchísimo turismo y movimiento, pero todo está súper cambiado.

    “La semana pasada tuve que ir a la Zona Cero a la terminal de trenes ¡está todo muy lindo! Hay fotos y recuerdos, todo con mucho respeto. Pero fue muy triste ir, aunque fuera solo a tomar el tren.

    Me dolió tener que venirme a Costa Rica en estas fechas, porque siempre en el trabajo hay celebraciones especiales y una misa.

    “Nada de esto se puede olvidar, y no solo por todos los que murieron, sino por las enfermedades que nos quedaron. Yo califiqué para el programa de atención médica a los afectados durante el atentado, sobre todo porque tengo asma y los ojos me quedaron horriblemente afectados. Y quedé muy afectada... cómo explicarlo... alterada. Por ejemplo, no puedo ir en un carro a mucha velocidad, me da una ansiedad terrible.

    “Un gran porcentaje de la gente ya está normal, solo queda el estado de alerta. La ciudad se ha comenzado a 'acostumbrar' a vivir en amenaza constante, porque todo el tiempo se oye de bombas o posibles atentados.

    “Pero poco a poco todo va caminando. En la ciudad hay muchísima seguridad y –al menos por el momento– todo está tranquilo”

    *Karla Pericón trabaja para el Bank of America, que tenía parte de sus oficinas en el piso número 11 de la torre norte, donde estaba ella cuando se estrelló el primer avión contra ese edificio.


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    Cortesía de Mauricio SANDOVAL para/Al Día

    “Estamos en reconstrucción”

    “Han pasado tres años... es como si fuera ayer. Por ser sábado, este año se vive menos anticipación: en el Bajo Manhattan estamos acostumbrados a guardar un momento de silencio en nuestros lugares de trabajo a las 9:37 a.m. y a las 10:10 a.m., las horas en que los aviones golpearon las torres. La gente lleva flores y mensajes, se hacen ceremonias propias de diferentes culturas. Ahora tenemos que mantener la costumbre, pero en nuestras casas.

    “Desafortunadamente, en las calles nos hemos acostumbrado a la presencia policial, aunque no nos convence realmente. Nos sentimos un poquito más seguros, pero sabemos que hay fallas y que la gente tienen reacciones caóticas ante posibles emergencias: hace poco en mi edificio hubo una alerta de incendio y, aunque hemos desarrollado todo tipo de planes, la gente hizo todo lo que no se debe, como tomar el ascensor.

    “El sentimiento de incertidumbre no se va. El de inseguridad tampoco. Todos estamos deseando ver la Zona Cero reconstruida, porque todos estamos en etapa de reconstrucción”

    *Mauricio Sandoval trabaja para el Bank of New York. El día del ataque estaba en el piso 48 de un edificio de 52, a tres cuadras del Centro Mundial de Comercio. Veía las torres por la ventana.


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    Cortesía de Pilar MADRIGAL para/Al DíaAl Día

    “Me siento segura”

    “Mi ventaja es que no me pasó nada físico, ni perdí a alguien cercano. Eso me hace más fácil seguir con mi vida, aunque el impacto psicológico sigue. La ciudad se mantiene cautelosa.

    “No me he movido de la ciudad, no me he alejado, viajo en transporte público y mi vida social sigue igual. Me siento segura, pero mucha gente no. Por ejemplo, la semana pasada, durante la convención del Partido Republicano, se dieron movimientos policiales muy fuertes y muchas personas salieron de la ciudad: pidieron vacaciones o días libres para evitar estar cerca de la multitud, pues eso es igual a estar expuesto.

    “No creo que vivamos en temor, es más bien sentido común. No andamos tan tranquilos ni caminamos sin pensar. Claro, todo depende de la actitud: se puede seguir adelante, aunque no se deje de pensar en lo que paso y eso nunca deje de doler.

    “En Nueva York somos más conscientes de nuestras debilidades: la gente no es intocable, siempre algo nos puede pasar. Eso es algo que no pensaba antes de los atentados. “He evitado la Zona Cero todo lo posible, pero la semana pasada tuve que ir, porque durante la convención mandaron a la mitad del personal a Nueva Jersey y el tren sale cerca de allí. No me da miedo ir, pero es inevitable revivir las cosas... como si te pasaran una película con todas las terribles imágenes de ese día.”

    *Pilar Madrigal laboraba en las oficinas de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (CINDE), en el piso 15 de la segunda torre.


    “Tocó los corazones”

    “La gente solía ser muy tranquila, pero es históricamente conocido que la sociedad estadounidense tiene mucho temor a la vulnerabilidad. Las cosas cambiaron, y aunque es difícil que el temor se muestre en la actitud de la gente, se nota en otras señales.

    “La policía siempre ha sido conocida como una de las mejores del mundo, pero yo nunca había visto el tipo de despliegues que se hacen ahora: en minutos se pueden ver miles de policías salir de repente y tomar por completo la ciudad. Sucedió en la noche del apagón (14 de agosto del 2003) y ahora durante la convención del Partido Republicano. Es algo impresionante.

    “La principal fortaleza de los sistemas de seguridad es que se toman medidas no discutibles: si se cierra un sector de la ciudad, se cierra y punto. Si implica pérdidas económicas para algún sector, se negocia posteriormente con ellos alguna reducción de impuestos.

    “A pesar del temor que puede sentirse, creo que mucha gente cambió para bien: hay más humanidad, más solidaridad. Todo esto tocó los corazones de una ciudad con miembros de todas las edades, etnias y creencias”.

    *Marielena Chassoul es embajadora alterna de la Misión de Costa Rica en las Naciones Unidas, con sede en Manhattan.


    “Hace daño recordar”

    “Aunque todos tratamos de llevar una vida normal, simplemente no es lo mismo. En esta época de conmemoración se dan sentimientos muy encontrados, el dolor al recordar a los que se fueron, la nostalgia al no ver esos edificios tan importantes... Y, por supuesto, el temor, el miedo de que en cualquier momento ocurra algo similar.

    “Es algo cotidiano encontrarse con gran cantidad de policías, armas, perros especializados en detección de bombas... pero uno no se acostumbra.

    “Quedan secuelas muy profundas después de estar en un acto terrorista tan terrible. Cuando voy en el metro, el más mínimo contratiempo hace que los pasajeros nos volvamos a ver, como preguntándonos si será otro ataque. Yo dejé de ir a conciertos en el Central Park –algo que me gustaba mucho– para evitar aglomeraciones. Tampoco paso por los túneles que atraviesan los ríos a los extremos de la ciudad, porque todos sabemos que son los lugares más vulnerables.

    “Es normal vivir en alerta naranja, la previa a la máxima, la roja. Durante la convención republicana instalaron carpas de policía en las que de repente un oficial decía 'Usted, usted y usted, vengan', y revisaban a 20 personas al azar. No es posible llevar una vida normal.

    “Como a muchas otras personas, los aniversarios me hacen sentir deprimido. En esta época vuelven todas las imágenes, es tiempo de reflexión, pero recordar hace daño”.

    *Otto Roberto Vargas es el cónsul costarricense en Nueva York. La mañana del atentado estaba a tres cuadras del Centro Mundial del Comercio y fue atrapado por la nube de polvo tras la caída de la torre norte.

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