Pido la palabra
Por dicha que nos hicimos sensatos Carlos Freer Cineasta
Este pueblo nuestro a veces pareció vivir dentro de un verdadero contrasentido.
Veamos si no: estamos ante un pueblo indeciso -a la espera de que se aclaren los nublados del día- que realiza una votación para adoptar su primera Constitución, apenas 32 días después de recibir la noticia de su emancipación de España. Elige como primer Jefe de Estado a un pacífico maestro de escuela. Su primer gobierno semidictatorial declara abolida la esclavitud.
Pero hay más. Que un presidente ponga en juego su fortuna personal, para salvar a su patria, es verdaderamente insólito. Su héroe nacional es, probablemente, el más humilde de todos los héroes. Un licenciado en Medicina decreta la enseñanza gratuita, obligatoria y costeada por el Estado. Un dictador -y, para peores, militar- consigue abolir la pena de muerte. Y otro "mano dura" se desvive por construir el Teatro Nacional.
Que un habitante del Olimpo se interese por que el voto sea secreto y directo, en otra parte levantaría justificadas sospechas. Y más, que un adinerado liberal proponga el impuesto sobre la renta. Lo mismo que un representante de la burguesía se juegue su futuro político por las garantías sociales.
O que un arzobispo haga causa común con un conspicuo marxista para sostener la legislación social. Ni qué decir de un guerrero triunfante que sale con la descabellada idea de abolir el ejército.
Por dicha que nos hicimos sensatos.
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