Pido la palabra
Silbidos delatores Roxana Zúñiga Quesada Periodista
Oh, oh... ¡Cuidado! Señores políticos: ¡suenan las alarmas! Cuando un pueblo silba, se avecinan los problemás graves, los de palo y violencia, los de gases y bloqueos.
Cuando una sociedad abuchea, se ve venir el desorden y el malestar. Cuando la gente insulta, se adivina la olla de presión social próxima a hervir. Cuando un país ya no respeta ni las figuras ni los cargos, se está en la antesala de un lugar que huele a azufre y está más caliente que Texas, hoy en día.
Las "sinfonías" que recibieron el presidente Abel Pacheco y el candidato Óscar Arias fueron dignas del Teatro Nacional.
Al primero lo "serenatearon" en Cartago en la "erección" de la nueva diócesis; y al segundo, antes de entrar a una entrevista en el canal televisivo de la Universidad de Costa Rica.
Mas no importa ni cuándo ni dónde: lo que PREOCUPA es el porqué. La gente está a un tris del hartazgo total por una dirigencia que hace rato perdió su comunicación, directa, franca y transparente, con sus dirigidos.
Señores políticos: ¡suenan las alarmas! ¿No las oyen? Por Dios, ¿están tan ocupados en sus ambiciones y mezquindades que no las escuchan?
¿No vislumbran en esos silbidos las señales de desesperación de un pueblo engañado, decepcionado y desencantado?
¡QUÉ DICHA que alguien lo dijo!: "El miope lo huele todo con los ojos", Ramón Gómez de la Serna.
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