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Locas por Giovanni El reportero estrella de “Informe 11” cumplió ayer, a duras penas, su tarea: bailar una hora seguida, con el impulso de cientos de enamoradas Isaac Loboilobo@aldia.co.cr Si donde hay orden está Dios, el viernes el Santo Padre no se apareció por ningún lado en el reto que tuvo que cumplir Giovanni Calderón, bailar durante una hora. El periodista fue el primero en cumplir las tareas que se impusieron en “Informe 11”, entre un mar de gente, lluvia, apretones, gritos y cientos de amas de casa que querían bailar con él, mientras les salían corazones por los ojos.
A las 12:45 p.m. Calderón salió vestido como si estuviera en el salón Italia, acompañado de la joven Carolina Mata, de la Academia Malecón, quien le enseñó una coreografía en tiempo récord: en 3 horas. La gente aplaudió y las damas presentes se morían por ser las afortunadas en estar en los brazos de Calderón. ¡Qué pegue!, porque bailó con chicas de todas las edades. Unas sin dientes por la temprana edad y otras también chimuelas pero por el paso de los años. Aquello parecía una reunión en el Mercado Central, solo faltaban las papas y los tomates, nada más. Antes de que Giovanni le sacara brillo a la improvisada pista de baile, ubicada al costado norte del Teatro Nacional, en la Plaza de al Cultura, la gente lo esperaba impacientemente y exigía que empezara.
Lo que sucedió fue que la “tumbacocos” de Z FM no llegaba y los ánimos se empezaron a calentar a tal punto que nadie respetó las improvisadas cintas que puso Repretel. “Que traigan el cartel, yo me quejo de este desorden”, comentó la simpática Tilma Roldán. Este será el próximo reto para ellos, planear mejor las actividades, porque esta casi se les sale de las manos. La gente de la móvil le gritaba a los productores que si no corrían a la gente no empezaba. Al final ganó la gente desordenada y la lluvia. Mientras, caía más agua y más agua en los cuerpos calientes de los curiosos y aquello empezó a oler a sopa de pollo. Calderón podía parar 30 segundos cada 15 minutos, para tomar agua y para que una chica sexy le hiciera masajes, lo raro es que siempre le pintaban un beso en la mejilla. ¡Qué buenos masajes!, más de uno se hizo el desmayado para que lo atendieran, pero no les dieron pelota. A la 1:40 p.m., Calderón sudaba como un corredor de maratón y la gente le gritaba, “¡Sí se puede, sí se puede!”. Por dicha lo pudo lograr, pero al final andaba con los zapatos en las manos.
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