



Hace 4 años la boxeadora Hanna “La Pantera” Gabriel’s veía su futuro incierto, nada alentador y lleno de dudas y temores.
Las cosas no iban bien en el plano monetario, incursionaba en un deporte sin apoyo en Costa Rica y el amor estaba ausente.
A base de golpes, fuerza y disciplina, ella se empezó a abrir campo y hoy, el mundo parece abrírsele de par en par. Es campeona mundial, sale en una veintena de anuncios comerciales, está a punto de casarse con su novio Bryan “Tiquito” Vásquez y está con la posibilidad de irse a Las Vegas a entrenar con los grandes.
Además, el problema por la cual ella se fue a trabajar a los Estados Unidos dejando el atletismo de lado acaba de solucionarse: pagó la deuda de la casa de su mamá.
¿Alguna ves se imaginó lo que está viviendo?
Jamás. Cuando inicie con la idea de boxear no me pasaba esto por la mente. Hace cuatro años estaba trabajando y buscaba la manera de sacar a mi familia adelante. Mi vida es ahora todo lo que nunca imaginé. Es todo lo que hubiera querido.
¿Cuándo piensa casarse con Bryan?
Lo más pronto posible. La boda la queremos hacer este año, no sabemos que fecha, aún tenemos la mente ocupada con nuestras carreras. Una de mis prioridades para el 2012 es hacer familia.
¿Anda buscando casa?
Este fin de semana quiero ir a Expocasa y así ver opciones y planes de financiamiento.
La noto muy enamorada.
Sí. Una amiga me dijo que Bryan se parecía a Óscar de la Hoya y yo le dije que no le llegaba ni a los tobillos, porque este es el papito mío. Él tiene todo lo que siempre quise en un hombre: es atento, me respeta, me hace sentir muy atractiva y está pendiente de mí.
¿Se van a La Vegas?
No sé como está ese asunto, por el momento hay conversaciones, nada más. No lo puedo confirmar porque no hemos concretado nada aún, pero de llegar a darse sería una experiencia increíble. Sería el aprendizaje que estamos buscando ambos.
¿Cuándo cree que su vida cambió para bien?
Desde que decidí boxear en el 2008. Todo empezó a fluir luego de la pelea del título mundial en Puerto Rico en el 2009.
Antes no tenía patrocinadores ¿Ahora cuántos tiene?
Tengo seis. Muchas personas me han tendido la mano porque han visto que el esfuerzo mío ha sido muy grande. Todos los días me sorprende la vida que Dios me da. Es como si fuera otra.
¿El haber tenido una vida tan duro en su niñez y juventud le ayudó a luchar más?
Ayuda, sí, pero tampoco uno se debe de echarse a morir. Tienes dos opciones: hacerse la víctima o salir del hueco.
¿Cuál es el secreto?
La motivación. Ahora los jóvenes solo se la pasan jugando video juegos y los papás no los llevan a hacer ejercicio, además los ticos tenemos la mañana de burlarnos uno de los otros, sobre todo de niños. Por ejemplo, le dicen a uno “¿Con esos bracillos querés ser boxeador? Nunca lo vas a lograr”. Uno pierde la confianza y cuando pasa deja escapar más de lo que uno se imagina.
¿Quién la motivó a usted?
Mis papás, sobre todo mi mamá que siempre estuvo conmigo. Era quien me llevaba a las competencias, la que me acompaña a los viajes y la que me pedía que me acostara a las 8 p.m. porque debía despertarme temprano a entrenar.
¿Qué regalo le dio a su mamá ahora que puede?
La semana pasada le pagué la casa y ya es de ella. Nosotros estuvimos a punto de perderla, cuando yo tenía 18 años, no solo no teníamos que comer sino casi nos quedamos sin hogar.
¿Ese fue su momento más duro para usted?
Sí y también el no poder darle de comer a mis hermanos más que arroz y frijoles. Mis papás estaban en serios problemas económicos, motivo por el cual también se divorciaron. Yo daba clases de aeróbicos a señoras, igual de pobres y me pagan ¢800 por semana. A mí eso me partía el alma, me ponía muy triste.
Pero, ¿Por qué usted asumió el peso del hogar siendo hija?
Porque mis papás ya no podían y era un estrés diario, es por eso que cada uno agarró para su lado. Tenía dos hermanos pequeños y sentí la responsabilidad de ayudarlos. Luego mejoró un poquillo cuando entré a un “sportsbook”.
¿Nunca perdió la fe?
Nunca. A mi me gusta motivar, desde que daba aeróbicos, escuchaba a las señoras. Gané amigas, más que plata. Ahora recibo muchos correos que me llenan de alegría, de personas que aseguran que mi caso los impactó para bien y que mi ejemplo hizo que salieran adelante. Por suerte no solo victorias al país he dado.
¿Borraría algo de su vida?
Sí, ojalá pudiera. Uno ha tenido episodios para olvidar, pero echarles cabeza es perder el tiempo, es mejor decir lo que viene es lo mejor. Uno tiene solo dos caminos: o tomas el bueno o el malo y eso trae consecuencias.
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