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Muy expuestos Las salas de juicio han sido escenario de actos violentos por parte de imputados y familiares en contra de jueces, fiscales y defensores. Hebert ARLEY/Al Día
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Amenazas a jueces y fiscales Gilda González gigonzalez@aldia.co.cr
“Creo que el que maten a un funcionario judicial va a pasar en cualquier momento en este país... Con las amenazas de muerte que recibí tuve que cambiar el patrón de vida, las rutinas diarias, no salir de noche, no estar sola, ya no hago ejercicio ni salgo a caminar si no es acompañada. Tengo un custodio que está conmigo todo el día y el que decide los caminos por recorrer...”.
Esta fiscal, de 37 años, cuya identidad se reserva para proteger su integridad, es una funcionaria del Poder Judicial que engrosa la lista de fiscales, jueces y defensores, blanco de amenazas por parte de acusados, acusadores y ofendidos.
El tema preocupa a los funcionarios por el incremento en la violencia, la ausencia de seguridad en la que laboran al lado de delincuentes nacionales y extranjeros ligados a hechos donde median muchos intereses.
En los últimos dos años, 20 fiscales y 12 jueces han recibido amenazas graves. En cuanto a defensores no se lleva registro.
Algunos de los casos atendidos son:
– Seguimientos constantes en vehículos.
– Disparos contra sus viviendas.
– Retención y amenaza con arma de fuego por imputado durante juicio.
– Ataque con ácido.
– Balean el vehículo del funcionario.
– Amenazas de muerte por teléfono y por escrito.
– Persecución a hijos, cónyuges y padres del funcionario.
– Intentó de agresión en visita a una prisión.
Las amenazas contra los funcionarios judiciales se presentan dentro de oficinas públicas, en la vía pública y fuera de sus viviendas, a cualquier hora del día. Más violenciaEl presidente interino de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Chaves, señala que todo esto es producto de la creciente violencia y delincuencia en el país, muy distinta a la de hace unos años.
“Antes estos hechos eran esporádicos. Ahora ocurren con mayor frecuencia. No tenemos personal para resguardar a los jueces, tenemos que recurrir a Seguridad Pública para que nos protejan. La situación del país es más delicada que antes”.
La posibilidad de que Costa Rica llegue a optar por la figura de los “jueces sin rostro” (identidad protegida) es un tema que toma en cuenta, pero al que nunca espera llegar.
“La transparencia de la administración de justicia es que los juicios sean públicos y orales. Que la gente conozca quienes imparten justicia”, dice.
Simón Angulo, presidente de la Asociación de Fiscales, atribuyó la facilidad de las amenazas a la constante exposición ante los acusados.
“Participamos en todas las etapas de un caso. Los fiscales somos muy propensos a las amenazas porque investigamos, acusamos y pedimos penas”.
Carlos Chinchilla, presidente de Asociación Costarricense de Profesionales del Derecho, que reúne a jueces, fiscales y defensores dijo que por esta situación hicieron una lista de peticiones a la Corte Suprema de Justicia, a fin de tomar medidas de seguridad. (Nota aparte)
“La sociedad actual es más violenta y peligrosa. No hay límites... Por donde caminamos, en los pasillos internos y ascensores por ahí caminan los imputados. Uno tiende a minimizar esto, pero ya el asunto ha ido en aumento. Es un problema muy serio”.
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Medidas extremas Para evitar alguna acción peligrosa por parte de los acusados se mantuvieron medidas de seguridad extremas en el juicio, en Pérez Zeledón, por el asalto a la sucursal del Banco de Costa Rica en Buenos Aires de Puntarenas. Abelardo FONSECA/Al Día
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S.O.S. a magistrados Gilda GONZÁLEZ gigonzalez@aldia.co.cr
Ante el incremento de las amenazas recibidas por jueces, fiscales y defensores, la Asociación Costarricense de Profesionales del Derecho pidió acciones a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia para velar más por su seguridad.
Una serie de peticiones a corto plazo fueron aprobadas por los magistrados en Corte Plena:
– Chalecos antibalas para tener y usar en casos que lo ameriten, como
allanamientos y juicios de cierta envergadura.
–Reactivar y utilizar seis plazas de investigadores del OIJ, creadas el año pasado, las cuales están destinadas a protección de funcionarios y se están utilizando en otras cosas.
– Mecanismos de seguridad en los edificios de los tribunales de justicia, como reforzar la seguridad en el ingreso de personas a las áreas restringidas y colocar puertas con lectores de tarjetas para ingresar a las oficinas principales.
– Reactivar la figura del guarda de juicio. Antes, en los debates permanecía un custodio dentro de la sala de debate, ahora solo está si los jueces lo solicitan. Lo que se pretende es que vuelva a ser obligatorio.
– La elaboración de un protocolo (no existe aún) de normas a seguir en caso de amenazas contra un juez, un defensor o un fiscal.
– Asistencia psicológica necesaria a las personas que han sido víctimas de amenazas.
Además de esto, los funcionarios pidieron que se les adquirieran armas de fuego y cursos para el uso de esas armas, pero los magistrados rechazaron la solicitud.
Según dijo el juez Carlos Chinchilla, presidente de la Asociación Costarricense de Profesionales del Derecho, “ la Corte ha estado muy anuente en aceptar nuestras inquietudes a raíz de todo lo que ha pasado. Para la custodia nos ha ayudado mucho el Ministerio de Seguridad Pública”.
Cerca de 15 funcionarios, entre jueces y defensores participarán durante los cuatro lunes de mayo en un curso de autoprotección y seguridad, con apoyo de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS).
Este mismo curso ha sido recibido por varios fiscales.
Abel Jiménez, presidente de la Asociación de Jueces, insistió en que es muy importante que se prepare el protocolo para la atención de amenazas.
“Espero que la comisión conformada por magistrados y jueces, y en la que yo participo, lo terminemos pronto”, indicó.
“Si no me saca, lo mato”
Moisés Chinchilla, 11 años como defensor público. Trabaja en Pavas desde hace tres.
“Como defensor público he tenido varias amenazas por parte de los acusados. En una ocasión tuve la defensa de un homicida muy violento de Pavas. Tuvimos una discusión telefónica en la que me prometió que cuando recuperara su libertad me iba a matar. Decía que conocía todo lo relacionado a mi y hasta mi oficina, por lo que apenas saliera lo que iba a hacer era buscarme.
Me dijo: 'Si no me saca lo mato'... En realidad la defensa estaba tan complicada que uno no puede garantizar que vaya a quedar libre. Se trata de gente muy agresiva y al conocerla le creí lo que era capaz de hacer conmigo. Es gente que ya tiene un homicidio encima...
En el juicio volvió a amenazarme de muerte y solicité cambio de defensor. Cuando los jueces conocieron el fondo aceptaron cambiármelo. Luego lo condenaron a 30 años de prisión, imagínese...
Después de esto estuve temeroso y preocupado de visitar a otras personas en la cárcel.
Hace como dos años, estaba en la cárcel de San Sebastián, en visita a un detenido.
Cuando llegó a entrevistarse conmigo, lo único que nos separaba eran unas verjas. El empezó con una discusión porque la testigo principal del homicidio era una muchacha que había convivido con él. Yo le indiqué que entrevisté a la testigo y que fue clara en decir que la relación con él no le importaba.
En ese momento, sacó una especie de lima delgada a la que le hacen filo por los dos lados y me la puso frente a mi cara, me dijo que si no lo sacaba de ese asunto, cuando saliera me iba a matar.
En ese momento temí por mi vida porque no estaba nadie cerca. Estuve expuesto a lo que pudiera hacer y además yo sabía que había estado toda su vida en la cárcel, había salido una semana y cometió otro homicidio, o sea que podía hacer lo mismo conmigo.
El guardia que estaba como vigilante no tenía visibilidad cuando uno hablaba con el detenido.
El hombre mantuvo el arma en sus manos y dijo que siempre andaba armado porque su vida estaba peligrando. Uno tiene muchas discusiones con los presos violentos, pero esa fue en la que estuve más cerca de que un imputado pudiera dañarme.
Nosotros los defensores no podemos tener miedo ni demostrarlo, pero en el juicio, por ejemplo, los acusados siempre andan sus manos libres.
Tienen la posibilidad de coger lo que quieran y atacarlo a uno que está a la par. Somos los que estamos más expuestos al peligro. No contamos con ninguna seguridad.
Resguardada por custodio
Esta fiscal tiene 37 años y siete de ejercer en el Poder Judicial. Pidió el anonimato por temor a represalias: “He tenido varios avisos en la oficina en los que diferentes personas me dicen que me van a matar y que ya pagaron a alguien para que lo ejecute. Dicen que han enviado gente para que me vea. Son llamadas telefónicas que han generado conversaciones personales. Con quienes me entrevisté es gente que le consta la información. Si alguien amenaza por teléfono uno cree que lo están vacilando, pero se trata de gente que ha escuchado a los otros hablar del tema. Son varias amenazas relacionadas con dos casos, pero la mayoría se refiere a uno de ellos (no quiso referirse a cuál). Las más graves se dieron este año, pero vienen desde el año pasado.
Con todo esto, lo que hice fue cambiar el patrón de vida, las rutinas diarias, no salir de noche, no estar sola, ya no hago ejercicio ni salgo a caminar si no es acompañada. Tengo un custodio que está conmigo todo el día y el que decide los caminos por recorrer. Otros compañeros también han sido custodiados para cuidar su integridad”
“En mi caso obedece a que las amenazas eran repetidas y muy serias. Son informaciones que venían de distintas partes y coincidían. En casos de delincuencia organizada, como homicidios, narcotráfico y secuestros participa gente muy peligrosa. El caso que llevo y al que se refieren las amenazas aún no se ha cerrado.
Ante esta situación lo que me pasa por la cabeza es que me van a matar, una piensa en una y en la familia. De todas formas sigo con el caso.
Creo que el que maten a un funcionario judicial va a pasar en cualquier momento, me dolería mucho, pero si tenemos testigos amenazados, gente muerta por haber dado declaración nada ganan porque la causa sigue a nivel procesal. Sin embargo, de pasar un hecho tan grave como ese, sí puede generar un impacto muy grande, no solo en el Poder Judicial, sino en el país.
La gente no quiere venir a juicio por miedo, porque también los testigos tienen amenazas de muerte. Se trata de casos donde media mucho dinero y poder”.
“Temí por mí y por mi familia”
Francisco Sánchez, 11 años como juez. Actualmente labora en el Tribunal de Juicio de Goicoechea.
“Llevo el caso de los hermanos Villalobos (investigados por presunta estafa con intermediación financiera ilegal). Uno de los ofendidos extranjeros había presentado varias gestiones para que se le devolviera una suma de dinero. En reiteradas ocasiones le rechacé eso por razones que constan en el expediente. Comenzó a presentar diferentes documentos salidos de tono, incluso me atribuyó delitos, hasta que me envió un escrito donde me ponía una fecha límite para que yo renunciara al caso y sino que me atuviera a las consecuencias. No señalaba cuáles consecuencias.
Puse el asunto en conocimiento del Consejo Superior, no solo por la amenaza, sino porque es un ejemplo del tema sobre seguridad de jueces y fiscales. Quise que se tomara nota de que las amenazas no son ficticias.
Me dieron custodia por tres semanas. Un oficial me acompañaba siempre durante todo el día. Para evitar incidencias tomé unas vacaciones por dos semanas y salí de San José, el oficial de la Fuerza Pública estuvo conmigo siempre.
Esto nos hace temer por la vida porque uno tiene a su cargo decisiones que tienen que ver con personas con muchos intereres y uno no sabe hasta dónde llega la gente. Causa una angustia personal y familiar... un trastorno. La gente cercana a uno pierde la tranquilidad.
Yo no sabía si iba a pasar algo o no, pero no me iba a exponer y decidí retirarme unos días. Son cosas con las que uno no puede jugar.
Es un problema al que hay que ponerle atención porque día la delincuencia toma características distintas a las de antes. Hay mucho sicariato y uno lo sabe.
Quise que mi caso no se pasara por alto, sumado a otros hechos similares. La seguridad que tenemos es muy poca. No es una necesidad permanente, pero en algunos casos sí se hace necesario.
Es importante accederla cuando se necesite.
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