Edgar Fonsecae
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¿Por qué repudia la opinión pública recientes decisiones de la Sala IV que dejan a las autoridades de Seguridad Pública atadas de pies y manos para enfrentar al hampa?
Muy sencillo: porque la ola de inseguridad es tal que el país no soporta más alcahuetería y paños tibios.
Cadáveres calcinados de día de por medio, ejecutados, “tumbonazos”, barrios de Limón a La Carpio, Los Cuadros o Guararí, sitiados y delincuencia al por mayor y al menudo en calles y ciudades, son parte de una cruda realidad que, a juicio de expertos, nos acercan en tasas de criminalidad a las periferias del desmadre que viven hoy capitales como San Salvador.
¿Andan ausentes de esa realidad en sus olimpos ideológicos y legales?
Cierto que se necesita de respuestas integrales y estructurales, no de parches, a la creciente ola delincuencial, pero de ahí a sembrar en la opinión pública un ambiente mayor de desprotección, hay mucho trecho.
De ahí a torpedear el esfuerzo y decisiones inmediatas del ministro Tijerino de hacer sentir la seguridad en las calles, en los barrios y ciudades; de retomar el control y el orden, antes de zozobrar, hay un mundo de diferencia.
Los retenes policiales pueden indisponer a unos cuantos, pero el país no aguanta a que este desmadre llegue a desbordes mayores.
Y espionaje a la tica… –Además de unos sindicalistas abusadores de privilegios y de recursos del estado, ahora son 25 diputados los que sienten que son “espiados”. Todo un vacilón más en esta comarca.
Señores, trabajen. Dejen de andarse buscando mayor tasajo salarial. Dejen de majarle la escoba a doña Laura. Y déjense de esos cuentos del espionaje. A todas luces, el mayor “culebrón”, inventado en épocas recientes, por obra y gracia, por lo visto, de reconocidos expertos en esas lides.
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