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José Miguel Cubero fue uno de los verdugos de los universitarios. Mario Castillo
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Los heredianos llenaron el Ecológico. Mario Castillo
Erick Carvajal M.
ecarvajal@aldia.co.cr
Sabanilla. No habrá una clase en la escuela de Psicología de la UCR donde enseñen a sus jugadores a prolongar su creatividad. Ayer, solo les duró 20 minutos.
Después, dieron paso a un Herediano arrollador, que sí fue al aula y metió cuatro. En esos minutos, del primer tiempo, Randy Cubero, Owen Solís y Minor Díaz, pusieron en aprieto a la defensa herediana.
Y luego, por arte de magia, toda la creatividad de la UCR se fue. ¡Que la agarren!, seguro pensó Juan Diego Quesada. La tortilla dio vuelta. Un herediano que no se encontraba, se encontró con Bismark Acosta.
¿De dónde salió? dijeron los defensas de la UCR, cuando vieron a Acosta entrar como un fantasma y poner el primero. Dedicado a Orlando De León. Salvo un penal que no le pitaron a la UCR, que hubiera significado el empate, el partido, solo tuvo una cara: rojo y amarillo. Atrás quedó una semana de lágrimas, huelga por salario y malos resultados. La nota agridulce la tocó José Sánchez.
Un golazo de tiro libre trajo a la memoria el 4 de abril pasado. Ese día, en ese mismo estadio, su padre, Rodolfo, sufrió un infarto. Con sus brazos al cielo, el florense derramó sus lágrimas en el Ecológico. Bismark Acosta, Roberth Arias y José Miguel Cubero parecían jugar “jupitas” y en dos pases de cabeza cayó el tercero.
¿Qué podía hacer la UCR? Al final, Robert Arias escribió con lapicero rojo la nota final: 4 a 0. Herediano sí aprendió la lección de creatividad, a la que los universitarios nunca asistieron porque como solía decirse, simplemente se fueron de pinta.
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