Antonio Alfaro
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Ahora resulta que la mentada, manoseada, temida, pedida, discutida y prostituida Reforma Tributaria será la receta mágica para cuanta carencia tiene nuestro país. Los puentes, las universidades, los policías y las alcantarillas, la platina, el palo’e piso de la Asamblea Legislativa, la patrulla destartalada y hasta el hueco a la vuelta de la esquina están esperando por la reforma fiscal.
¡Sólo falta que el “Chino” Li nos salga con que el salario de La Volpe depende de nuevos impuestos!
Desde los tiempos idos de don Abel, de paso por Óscar Arias, hasta los actuales días con doña Laura, todo lo desatendido, incumplido, insatisfecho o pendiente está relacionado con el fisco.
Impuestos tenemos, como usted y yo sabemos, suficientes para entrar en un Campeonato Mundial de Impuestos y no hacer tan mal papel, incluso mejor que la “Sele”.
Un mortal como usted o yo, la clase media, no se escapa de los cobros, mucho menos del impuesto de ventas, cobrado hasta en la “chupa chupa”. Más que impuestos, falta una mejor recaudación, como bien sabe el limpiabotas del parque central de San José.
Si pensaban en nuevos tributos, además del justo y necesario a los casinos, debieron establecer uno al fumado en el Estadio Nacional, en vez de declararlo libre de humo. Con los cigarros que se fumaría La Volpe, su salario estaría más que cubierto.
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