Ana Coralia Fernández, periodista
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Salieron los nuevos billetes de veinte mil y de seguro volarán tan rápido como las alas del colibrí que tienen en una de sus caras.
En la otra nos regalan la imagen de una mujer, una escritora, una pensadora que por muchos años ha estado relegada: Carmen Lyra.
Rescatamos su figura como formadora y maestra, como la alquimista de cuentos adaptados para los ticos de historias antiguas y sabias de otras latitudes en tiempos en que las letras eran para unos pocos y saber leer y escribir, artículos suntuarios y nos quedamos con esa imagen que es tan solo una de las facetas de María Isabel Carvajal.
La conocí a ella a través de las impresiones de mi madre, quien tuvo el privilegio de ser su alumna en la Escuela Maternal y tengo muchas anécdotas de la niña Isabel -como ella le decía- que me pintan a una persona de mayor proyección y compromiso que ser solo la “mamá de tío conejo”.
No estoy muy segura de que a ella le hubiese gustado estar en un billete de tan alta denominación, pero sí estaría feliz de estar en las manos y en los hogares de cada costarricense, aunque fuera por un ratico.
Hay un colibrí revoloteando sobre una lyra y los miran tía zorra y tío conejo agradeciendo el gesto de llevarlos a volar en sus alas diminutas y poderosas como los cuentos.
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