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 Nacionales Domingo 04 de noviembre, 2007, San José, Costa Rica.
   

JESÚS NOS PIDE DEJARNOS TRANSFORMAR POR ÉL

Zaqueo: quiero hospedaje en tu casa

Álvaro Sáenz Zúñiga, Presbítero

Otro publicano aparece hoy en nuestra Eucaristía. El evangelio de San Lucas nos narra el encuentro de Jesús con Zaqueo. Este famoso personaje no solo era recaudador de impuestos romanos, sino que, inescrupuloso como era, ya lideraba un grupillo de secuaces, y con ello se había abierto nuevas oportunidades para robar. Este personaje, lleno como estaba de oscuridades, ansiaba ver a Jesús.

Zaqueo era pequeño de cuerpo. Por ello, y por su deseo de ver a Jesús a toda costa, sabiendo que el Maestro atravesaba Jericó y pasaría por una determinada calle, decide trepar a un arbolillo de higos.

¿Cuánto se habrá elevado desde el suelo subiendo a este arbustillo? Unos pocos centímetros. Pero eso marcaría la diferencia: podría ver a Jesús. Y Jesús lo vería a él.

Así las cosas, Jesús pasa junto al árbol y se le queda mirando, desconcertando a todos, incluido Zaqueo. Jesús, que no necesita que nosotros nos hagamos visibles a sus ojos, porque ya nos conoce, pide a Zaqueo que lo hospede en su casa, lo que marcará el cambio en Zaqueo.

Él, quien se acercó por curiosidad, se verá envuelto en el espíritu del Mesías. Al darle posada vivirá con él, aprenderá de su sencillez y sinceridad, porque no hace excepción de personas. Jesús quiere hospedarse en casa de un pecador público. Cosas importantes suceden.

Y es que Jesús, cuando pasa, deja su marca y su luz, su fuerza y riqueza. Nadie queda inmune a su persona, la reacción podría ser incluso negativa, pero será producida por la presencia del Señor. En este caso veamos el resultado que se produce, que bien podríamos llamarlo consecuencia triangular: Jesús desbarata el pensar de los santurrones.

El Señor del Universo alterna con pecadores y visita sus casas, aunque sea ilegal porque su nueva ley es el amor.

Jesús altera la conducta del estafador. Zaqueo, marcado por la presencia de Jesús en casa, se convierte. Indemnizará a quienes pudiera haber desfalcado, repartirá la mitad de su capital entre los pobres.

Llama la atención que Zaqueo conserve la otra mitad del capital, pero es que debe seguir viviendo, Jesús no le ha llamado a seguirlo, solo le pide su conversión.

Jesús, Maestro que es, enriquece el criterio de los que le rodean: se declara portador de la salvación para los pecadores, en este punto la casa de Zaqueo, porque ha venido a rescatar lo que estaba perdido. Dejarnos transformar por Cristo es clave para hacer un mundo mejor.

Foto: 1784098
Zaqueo mira a Jesús, sin saber que Jesús lo está mirando.

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