Lunes 11 de julio de 2011, San José, Costa Rica

Haury Cerdas y Adri Lobo irradiaron sentimientos

Brillaron y cumplieron su sueño

Rodolfo Rodríguez L.

rodolfo.rodriguez@aldia.co.cr

Simplemente espectacular. Con sus interpretaciones esparció llanto, felicidad, pero sobre todo mucha admiración.

Hablamos del ganador de la tercera temporada de “Nace una Estrella”, Haury Cerdas Quesada, un joven de 22 años quien demostró su espíritu luchador, él es invidente, pero eso no fue ningún obstáculo, con su enorme talento se echó al bolsillo a todo el auditorio del estudio Marco Picado, la noche del sábado.

En el plano musical los elogios no se hicieron esperar, “Haury se sacó un as debajo de la manga, no sólo por traernos su historia en una canción original, sino por el sentimiento con el que la cantó”, explicó el juez Luis Alonso Naranjo, luego de la decisión final.

El guadalupano compartió sus primeras palabras con Al Día luego de la cerrada competencia con su amigo Samael Saborío, quienes días atrás habían decidido dividir el premio (¢7.5 millones) si alguno de los dos ganaba.

Un luchador

¿Cómo describiría este momento?

Incomparable, inesperado, son tantas cosas lindas y esto fue una sorpresa muy linda para mí, luché mucho por esto, gracias a Dios se dio.

¿Lo soñó un día antes?

Claro, uno siempre tiene aspiraciones de querer ganar, pero no se sabe, el talento de todos es muy alto.

¿Su estrategia secreta fue la clave?

La clave es siempre poner las cosas en manos de Dios, hacerlas con amor y así los resultados van a venir.

¿Dudó en algún momento interpretar su tema original?

En algún momento lo llegué a dudar, pero yo creo que más que una estrategia era una necesidad de comunicarle a la gente que yo escribo música, que compongo y eso caló mucho, las canciones no son para guardarlas en una gaveta.

¿Por qué la decisión de compartir el premio?

Entre Samael y yo desde el principio hubo una admiración propia, una amistad muy fuerte y las probabilidades estaban muy parejas, yo le dije que nuestro talento no vale uno menos que el del otro, así que eso nos ayudó a no preocuparnos y distraernos en el escenario, por lo que dimos lo mejor y no me arrepiento de haberlo hecho.

¿Sus sueños?

Esto es un paso, es el inicio de un montón de cosas, el trabajo duro empieza ahora.

¿Con dedicatoria especial?

Este triunfo es de Dios, es una obra de él y también se lo quiero dedicar a mi esposa Katherine y a mi hija Lucía que está a días de venir a acompañarnos.