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 Nacionales Domingo 20 de mayo, 2007, San José, Costa Rica.
 

La felicidad no tiene precio

Ronny Rojas

En la casa de don Marcelino Matarrita, en Moín, Limón, no se habla del TLC, ni de lo que hacen los “faranduleros” del país, o mucho menos que si Allan Alemán se va o se queda en el Saprissa.

Para él la única preocupación es sobrevivir cada día y conseguir comida para sus hijos y su esposa, doña María Busto.

No voy a ofender a Dios, por más necesidades,, nunca nos hemos acostado con hambre”.

Marcelino Matarrita Marido

“La gente me critica porqué tuve ocho hijos, pero yo soy muy feliz con ellos y con mi esposo”.

María BustoMartínez Esposa

Son ocho niños alegres, cinco mujeres y dos varones -todos descalzos y hermosos- que aún no son conscientes de sus carencias.

Juegan fútbol, corren y comparten su vida con cuatro gatos, Pinino, Tigre, Viejo, y Mariposa.

La mayor se llama Sara, está en la escuela y tiene 11 años. La menor es Magaly y tiene tres.

Todos viven en una casa que hasta hace algunos años estaba abandonada. Duermen, incluidos los padres, distribuidos en un solo cuarto con cuatro camas.

No hay cieloraso, ni vidrios en las ventanas y tampoco televisor. Los muebles están rotos, la única mesa que tienen es un pupitre de escuela y a falta de un drenaje, las aguas negras se acumulan en la parte trasea de la vivienda.

Cuenta don Marcelino, de 57 años, que le es muy dificil encontrar trabajo, aunque todos los días sale a buscar una “chamba”.

Para él febrero fue un mes muy bueno, porque se ganó ¢50 mil.

¿Y un mes malo?, le pregunté.

“Hay meses que hemos pasado con ¢10 mil. Pero siempre Dios nos ha dado de comer. Sería yo injusto si dijera que no”.

Doña María asegura que ella es feliz con lo que Dios le ha dado.

Pero, hablando, se le nota la desesperación por no poder darle algo mejor a sus pequeños.

“Cuando me levanto yo desearía hacerles a ellos unas tortillas bien ricas o darles leche, pero casi nunca podemos hacerlo”, dice.

Hasta hace poco ella cocinaba con una estufa de gas, pero los ladrones se la llevaron.

Y una refrigeradora que les regalaron el año pasado, se estropeó con los apagones que se sufrió el país hace algunas semanas.

Ellos aplicaron para un bono de la vivienda, pero aún esperan una respuesta, igual que lo hacen miles de familias en Costa Rica.

Foto: 1602852
Lorenzo, Carlos (atrás), Magaly, Rafaela, Marcelino y Maureen, con sus padres.
José Rivera.

Foto: 1602619
Doña María cocina en un fogón de leña, aunque el humo perjudica sus pulmones.
José Rivera.

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