Domingo 10 de agosto de 2008, San José, Costa Rica
Nacionales | Domingo XIX del tiempo ordinario
El Señor me hace caminar sobre el agua
  • AlDia.cr
    Jesús ayudó a los discípulos en medio de la tormenta. Internet.

Álvaro Sáenz Zúñiga
Presbítero

El Señor me hace caminar sobre el agua.

El encuentro con Dios impacta. Él viene a transformarnos, a darnos un nuevo modelo: Jesucristo, su Hijo, que hoy se manifestará de manera contundente, venciendo los arrebatos de la naturaleza, caminando sobre las aguas, calmando la tempestad amenazante.

El otro héroe del domingo, no sé si positivo o negativo, es Pedro. Este hombre, llamado por Jesús a servir a la obra evangelizadora, pescador de oficio, conocedor del mar, ha ido observando virtudes excepcionales en Él, le ha visto actuar y ha empezado a percibir con cierta claridad que es aquel que Dios iba a enviar como Salvador.

Jesús acaba de multiplicar los panes y los peces, alimentando a una multitud. Luego quiso quedarse solo, orando, y despidió a los apóstoles. Ellos parten en la barca y, durante la noche, una tempestad desarrollada de improviso, como son del mar de Galilea, amenaza con hundirlos. El viento y el mar encrespado les hacen sentir gran temor.

Y he aquí que Jesús, que nunca les abandona, viene a ellos caminando sobre las aguas. Su aparición es muy confusa al punto de que creen que es “un fantasma”. Pero Jesús serena sus corazones con una frase muy suya: “Tranquilícense, soy yo; no teman”.

El desconcierto en ellos es general y el miedo les estruja el corazón. Entonces Pedro, ya casi convencido de que está frente al Cristo, le pide lo insólito: “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”. Las aguas profundas eran para los hebreos símbolo de lo desconocido, origen de todo mal. Por ello caminar sobre ellas es posible para solo Dios, cuyo Espíritu se cernía sobre la superficie de las aguas. Sorpresivamente la respuesta de Jesús a Pedro corta el aire. Le dice: “Ven”.

Pedro bajó de la barca y, oh prodigio, comienza a caminar hacia Jesús. Pero hay un elemento que el Apóstol no ha tomado en cuenta y que deberá capitalizar para la vida. No se trata simplemente de vencer el agua y caminar sobre ella. Hay otros elementos externos que desafían al creyente, al hombre de Dios, desestabilizando su caminar en fe. Me refiero al mal que, significado en el viento, intentará por todos los medios derribarme de mi posición. Con la imprevista amenaza Pedro duda y empieza a hundirse. Entonces gritó: “Señor, sálvame”. Jesús está allí y en seguida le tendió la mano y lo sostuvo, reprochándole su falta de fe. La tempestad se calma.

Pedro, falto de fe, no ha confiado en Cristo. Se dejó vencer por el enemigo. Pero al mismo tiempo avanzó mucho en su comprensión sobre el Señor. Seguirá elaborando su “creer”, rudimentario y limitado. Poco a poco llegará al concepto de “Mesías” e “Hijo de Dios vivo”. Ahora sabe, al menos en teoría, que el Señor no le abandonará en el peligro, pero que debe creer profundamente.

Publicidad
Publicidad
Recomienda esta página a un amig@
Recomienda esta página a un amigo

© 2008. Periódico Al Día. El contenido de aldia.cr no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Periódico Al Día. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@aldia.co.cr.