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El chequeo de las entradas fue minucioso, en los perímetros de seguridad establecidos fuera del estadio. Alexánder Otárola
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Una vez que ingresaron al estadio Saprissa, los aficionados disfrutaron a más no poder del ambientazo que se vivió en las graderías.
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Caras pintadas, gorros, banderas, o cualquier artículo bien colorido, portaron los aficionados. Que lo diga este amigo, que quiso asustar a más de uno.
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Con ese charro, y ese gran bigote, este “manito” se ganó las miradas de propios y extraños. Todo eso, y más, genera la pasión por el fútbol.
Isaac Zúñiga Keith
izuniga@aldia.co.cr
Tibás. Largas filas, extremas medidas y controles de seguridad, fue lo que tuvieron que vivir los miles de aficionados que llegaron ayer el Ricardo Saprissa, para llenar sus gradas, en el juego entre la Tricolor y México.
Y es que debido a la problemática que se desató previo al tan esperado encuentro, con el gemeleo de entradas, la Federación Costarricense de Fútbol no se quiso jugar ningún chance.
Con entrada en mano, y a pasito lento pero seguro, a través de los tres anillos de seguridad que se colocaron antes de poder ingresar a cualquiera de las localidades del reducto tibaseño, fue el recorrido que debía hacer cada una de las personas que no tuvieron inconveniente con su boleto, durante la semana.
Breiner Brenes, uno de los encargados de verificar que se siguiera el protocolo establecido, destacó que “todo ha transcurrido lento, pero bien, sin ningún contratiempo”.
Sus palabras las ratificó el seguidor de la “Sele”, Eduardo Fuentes.
“Tengo como una hora de estar haciendo fila, pero ahí vamos”.
Los que sufrieron un poco fueron los revenderos, ya que la gente estaba un poco resfriada por lo suscitado, y no se fiaban de comprarles un boleto.
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