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Perdió sus manos, pero no su fe por la vida. Foto: Alfonso Quesada.
Miguel Calderón Suárez y Alfonso Quesada, corresponsal GN
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Osa.- A sus 26 años, la vida de Greivin Mauricio Mora León era normal. Llena de ilusiones, sueños y muchos proyectos.
Sin embargo, un descuido, cuando arreglaba la antena en el techo de su casa, lo cambió todo.
Tan sólo con 20 días de haber contraído matrimonio, una descarga eléctrica lo envió mes y medio al hospital San Juan de Dios, lugar en donde vivió momentos muy tristes.
34.500 voltios que pasan por el cable primario le costaron a Greivin la amputación de sus manos, así como serias y dolorosas quemaduras en todo su cuerpo.
Esta situación cambio para siempre la vida de este agricultor, quien al momento del accidente (1º de mayo) cursaba estudios de tercer año en el colegio nocturno de Palmar Norte. Hoy busca como acomodarse a una vida, a la cual ha costado mucho acostumbrarse, aunque desde hace dos meses conduce su automóvil, por lo menos para ir a dejar y traer a su esposa, quien trabaja a unos kilómetros de su casa.
“Ahora dependo de otras personas de mi familia para poder hacer muchas cosas. Partiendo hasta de mi propio aseo personal y necesidades fisiológicas”, comentó el joven, vecino de Finca Alajuela de Osa.
Una de las noticias que lo ha motivado más es que dentro de pocos meses será padre de su primer hijo. “Mi vida es otra. Sigo luchando por el amor que le tengo a mi madre y a toda mi familia”, afirmó el muchacho.
Mauricio requiere de ¢6.500.000 para colocarse unas prótesis en sus brazos. Mientras ve la vida con buenos ojos y agradece a Dios estar aún con vida.
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