Deportes
Domingo 6 de noviembre de 2011, Costa Rica
Pasión por el deporte

Columna de opinión

Cuando el verbo también juega

Antonio Alfaro

Editor

Cuando sea grande, quiero ser como Guimaraes.

Todo lo tiene presupuestado, nunca pierde (ni cuando pierde), su equipo siempre sale fortalecido (aún cuando estuvo de medio ver), sabe responder mucho sin decir nada, evade con elegancia las preguntas difíciles, pocas veces se ve desencajado. Evita confesarse preocupado, aunque por dentro se lo lleve quien lo trajo. También sabe callar y lanzar algún mensaje cifrado sin levantar polvorín (qué lo diga Alonso Solís).

Dialécticamente hablando, sale impecable cuando viste de traje, aunque haya llovido a cántaros y esté estilando desde las corbata hasta las medias pasando por los calzoncillos. La sabe hacer.

Algunos periodistas le compran el discurso y no muchos lo cuestionan. Quizás hasta los rivales le crean. Tal vez algunos titubeen cuando piensen faltarle el respeto en la cancha, pues jamás encontrarán en él confesiones de debilidad. Hasta un empate logrado apenas, como ante Herediano, termina siendo un juego de tú a tú en su versión.

Cuando el “Machillo” Ramírez diría “el equipo está embotado”, Guimaraes podría escoger entre varios guiones: “se dio lo que esperábamos”, “salgo muy satisfecho por la aplicación del equipo en medio del desgaste” o “confirmamos la madurez que va logrando el grupo”.

La diferencia no está en el juego, sino en el verbo. Bicampeón, con casi el mismo rendimiento en el torneo, incluso levemente mejor (67% vs. 60%), al “Machillo” le llueve tieso y parejo, por sencillo, “polo” o demasiado honesto, por echar mano sin reservas a la explicación, que a veces suena a excusa, mientras Guimaraes escampa y ve llover bajo el dominio de sus declaraciones.

Cuando yo sea grande quiero ser como Guimaraes, aunque como técnico el “Machillo” no sea menos.