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Domingo 18 de septiembre de 2011, Costa Rica

Editorial

Una jornada para olvidar

Trece juegos de sanción y ¢400 mil de multa es lo que el Comité Disciplinario de la Unafut aplicó a los jugadores Jonathan McDonald y Jorge Barbosa tras el desafortunado episodio la semana pasada en el estadio Rosabal Cordero.

Se quedaron cortos con ese monto si se contrapone al deplorable ejemplo que le dieron al público y en especial a los niños y jóvenes que los siguen.

El profesionalismo, el juego limpio y la madurez se fueron de paseo con las agresiones entre ellos y las que copiaron sus compañeros.

Eso sin pensar en lo que pudo haber sucedido en los bares y en las graderías donde manudos y heredianos veían el encuentro.

Una acción censurable que pudo tener resultados más delicados, por ejemplo, en las calles, en un país donde la inseguridad espera cualquier evento para aliarse a la violencia, al desorden y al caos.

Para colmo de esa jornada, el jugador Elías Palma de Liga Deportiva Alajuelense no encontró nada mejor que hacer que tirarse al suelo con una lesión fantasma, en otra muestra de poco profesionalismo deportivo.

Estos son los ídolos de barro que sigue nuestra niñez y nuestra juventud.

¿Ese es el ejemplo que como padres y ciudadanos queremos que sigan las nuevas generaciones? ¿ Y cómo sugerir a los muchachos que sigan una carrera deportiva con los más altos valores éticos con semejantes vitrinas?

¡Qué triste que estos espectáculos sean los que ocupen las primeras planas!

¡Qué triste que el liderazgo del torneo esté marcado por los goles y los puntos y no además, por altos valores deportivos, muestras de juego limpio y justo, y la nobleza y elegancia que debe demostrar un buen perdedor!

Las tomas repetidas en los canales, deberían ser de deportistas nobles y grandes... de gestos entre caballeros, entre atletas y no de tan desdichadas escenas.

A todas luces, penoso este incidente para los protagonistas, sus equipos y nuestro fútbol.

Y como si esto no fuera suficiente, el presidente de Alajuelense, Raúl Pinto, arremetió contra el silbatero Wálter Quesada, que, aunque anduvo flojo y le faltó mano dura desde el puro inicio del cotejo, actuó en medio de las circunstancias, confusas de por sí.

“Todo lo inició el árbitro que calentó a los jugadores”, le dijo a Al Día en una publicación hecha el domingo 11 de setiembre.

Bien vale un acto de autocrítica a lo interno de la organización manuda dada la gravedad de los hechos escenificados.

No proceden fáciles justificaciones.

Y también urgen acciones correctivas más drásticas además de un punto de reflexión acerca del perfil de nuestros jugadores tan mimados por la afición, por los equipos y por el país, y de tan pobres respuestas en la cancha.

Que no se repitan bochornosas jornadas como las vividas en Heredia, por el bien del fútbol, del deporte y de nuestra sociedad.