Nacionales
Domingo 26 de febrero de 2012, Costa Rica

Vio rostro del asesino, pero no vivió para delatarlo

Una joven de 19 años tuvo en jaque al psicópata

Nicolás Aguilar R.

naguilar@nacion.com

Dos días antes de cumplir 20 años, la noche del 17 de marzo de 1995, Marjorie Padilla Sequeira regresaba a su casa en Higuito de Desamparados cuando fue atacada por un hombre “moreno y de contextura gruesa” que intentó introducirla en un cafetal.

Fueron segundos de terror, de lucha desigual, pero también de mucho valor y temple.

Para ese momento, la joven estaba condenada a muerte. Nadie podría salvarla.

La muchacha, quien volvía de su trabajo, forcejeó valiente y decididamente con aquel sujeto, sin sospechar que se trataba de un asesino en serie a quien la Policía Judicial atribuía –en ese momento – 16 asesinatos, entre ellos la masacre de La Cruz de Alajuelita, ocurrida en abril de 1986.

Llevaba seis años sin atacar y su regreso causaría mucho más que revuelo en medios policiales. Su estela de muerte resplandecía de nuevo, para desvelo de investigadores judiciales que llevaban años persiguiéndolo sin éxito. El asesino más escurridizo y sanguinario había regresado.

Asesino al acecho

En cuestión de segundos, Marjorie vio el rostro de aquel hombre, cuyas manos fuertes la aferraban para meterla en un cafetal, pero se liberó a como pudo.

Aterrorizada, echó a correr Pasó un segundo; otro más. De pronto, un balazo –que sonó como un trueno – despedazó la tranquilidad de esa noche de marzo en la urbanización Jerusalem de Higuito, cantón de Desamparados.

Muchos perros ladraron enfurecidos mientras una sombra se escabullía entre los cafetales.

Marjorie dio unos pasos más para caer a unos 100 metros de su casa, cerca de la pulpería del barrio. Lugareños llamaron de inmediato a la Cruz Roja.

La joven, herida pero consciente, sollozaba y se quejaba de dolor. Clamó por su mamá, Carmen Padilla. La señora llegó poco después, pálida y temblorosa.

“Yo no entendía nada. Me la encontré tirada en la calle y le pregunté qué le había pasado. Me dijo que le dolía la espalda; que algo la quemaba. Me agarraba las manos con fuerza”, recuerda con un dejo de amargura esta sufrida madre, hoy de 76 años.

Es menudita y en su cara ya no queda espacio para más arrugas.

“Son de tanto sufrimiento”, exclama mientras señala la foto de una serena Marjorie. El retrato cuelga de la pared de la sala de su casa. A la par está la de su hermana Virginia, quien también murió trágicamente.

“Falleció en el 2006, quemada en su casita. Estoy segura que me la mataron, pero la Policía nunca hizo nada”, se lamenta.

No pudo delatarlo

Esa noche de mediados de marzo de 1995, el destino no confabuló contra aquel sujeto a quien investigadores judiciales describen, una y otra vez, como “el más sanguinario y despiadado”.

“Ella seguía despierta cuando llegó al hospital, pero un doctor me dijo que no podían hacer mucho para salvarla; que estaba muy mal. Al día siguiente se murió; se fue sin decir nada”, añade la anciana con evidente desencanto.

Agentes judiciales que llegaron esa noche al centro médico tampoco lograron hablar con Marjorie debido a una decisión médica. La muchacha seguía mal y los doctores temían que su estado empeorara de ser interrogada por los investigadores.

Las posibilidades de dar informes que permitieran parar al asesino en serie se esfumaron pocas horas después.

A Marjorie la enterraron el día de su cumpleaños. Con ella sepultaron también la posibilidad de dar con el temido psicópata.

Semanas después, gracias a pruebas de balística del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), se comprobó que la bala que mató a Marjorie, calibre 45, había sido percutida por el fusil M3 del psicópata.

Contrario a su estilo de atacar parejas, esa fatídica noche del 17 de marzo de 1995 seleccionó a una mujer sola y la mató por la espalda. Luego morirían otras dos víctimas inocentes.

Su anterior ataque había ocurrido el 20 de abril de 1989, cuando asesinó al expolicía Edwin Mata Madrigal y a su amiga Marta Navarro Carpio. El psicópata los mató en una desolada finca de San Diego de La Unión, Cartago.

“Mi chiquita no tuvo novio. Ella era quien pagaba la casa y otras cuentas. Trabajaba muy duro; puedo asegurar que es la mejor hija que pudo tener una madre”, exclama doña Carmen, quien aún espera “una respuesta policial”. Pero ni las novedades tranquilizarán a esta madre. Para ella no hay consuelo. Su vida es una pesadilla permanente.

“Nadie me la devolverá. Al asesino, que Dios lo perdone; yo no puedo. No estoy segura qué le diría”, dice mientras mira por la ventana con rabia y tristeza.

Se robó 19 vidas

Cerro San Miguel, Alajuelita:

En lo que se considera el peor crimen en la historia del país, siete mujeres fueron acribilladas en un desolado paraje del cerro San Miguel, conocido como La Cruz de Alajuelita.

Perdieron la vida en esa ocasión Marta Eugenia Zamora, sus hijas María Auxiliadora, María Gabriela, Karla y Virginia Salas Zamora, así como Karla María y Alejandra Sandí Zamora. Las víctimas regresaban de una actividad religiosa, el 6 de abril de 1986. Tomaron una ruta secundaria.

Parque de la Amistad, Curridabat:

La muerte de Juan Guillermo Nájera Monge y Roberto Gerardo Castro Mora dio a la Policía el primer indicio fuerte de que se enfrentaba a un homicida en serie.

El cuerpo de Nájera apareció, a medio enterrar, el 12 de febrero de 1987 en el parque La Amistad, en Curridabat. A Castro lo encontraron dos semanas más tarde. La policía sospechó de un ataque en serie, pues para ese entonces sus novias estaban desaparecidas.

A Castro y a su novia, Francis Eduviges Salazar, el psicópata los asesinó el 14 de diciembre de 1986. A Nájera y a Damaris Rodríguez Martínez los asesinó el 11 de febrero de 1987. Los restos las muchachas yacían en otros sectores del parque.

San Antonio de Desamparados:

Una bala que se coló por la ventana acabó con la vida de Ligia Camacho Bermúdez, una joven de 24 años que leía en su habitación.

La bala la hirió en la sien izquierda y le produjo la muerte casi en forma instantánea. Los estudios de balística determinaron que se trataba del arma del psicópata. El hecho ocurrió el 14 de julio de 1987. Antes de ultimar a la joven, el asesino llamó a la puerta y dijo ser policía. En el sitio dejó una huella de lo que aparenta ser una tenis.

San Vicente de La Unión:

Víctor Julio Hernández Sánchez y Aracelly Astúa Calderón preparaban sus planes de boda cuando el homicida múltiple los sorprendió a su regreso de una fiesta.

Los cuerpos aparecieron en un cafetal el 21 de agosto de 1988. El muchacho, de 18 años, presentaba un balazo en el pecho y otro en la cabeza mientras que a su novia, de 16 años, la baleó en la cadera y el estómago.

San Diego de La Unión:

Edwin Mata Madrigal, un expolicía, tomó la firme determinación de capturar al psicópata. Eso le costó la vida el 20 de abril de 1989, cuando el misterioso asesino lo mató junto a Marta Navarro Carpio.

La pareja llegó hasta un predio solitario en un “pick-up”. El cuerpo de la mujer apareció en un río, a dos kilómetros de donde murió el exguardia civil.

Higuito de Desamparados:

Marjorie Padilla Sequeira fue la única víctima mortal del sicópata que logró dar una pequeña descripción antes de fallecer. El homicida la baleó el 17 de marzo de 1995, cuando la joven, de 20 años regresaba a su casa.

Agentes del OIJ trataron de entrevistarla en el hospital, cuando aún estaba consciente, pero los médicos lo impidieron. Horas después, la joven se complicó y falleció.

Patarrá:

Tras dos días de búsqueda, la policía halló, el 26 de octubre de 1996, los cuerpos de Mauricio Cordero López e Ileana Álvarez Blandón. Ambos recibieron disparos en la cabeza.

El psicópata dejó los cuerpos, a medio enterrar, a la orilla de un camino, en los alrededores del Tajo del Aguacate. El carro apareció a dos kilómetros de donde el asesino dejó a los novios.

Todos los casos están prescritos

El último caso quedó prescrito el 26 de octubre del 2006. La investigación tuvo que ser archivada.

Marjorie Padilla sabía que un

hombre "moreno y grueso" se le quedaba viendo cada noche al pasar frente a la pulpería del barrio, en Higuito de Desamparados.

El 17 de marzo de 1995, regresaba

con varias personas. A 200 metros de su casa, se quedó sola. El desconocido la siguió.

El sujeto dispara contra la

mujer, la impacta en la espalda y escapa. Aprovecha la oscuridad y se mete en un cafetal. Nadie logra verlo.

Marjorie es llevada en

una ambulancia, aún consciente, al hospitalW San Juan de Dios, donde la reportan muy delicada.

La muchacha pierde el

conocimiento esa noche y muere a la mañana siguiente. Ningún agente del OIJ pudo entrevistarla. El asesino queda a salvo.