Domingo 15 de julio de 2012, Costa Rica

Sólo viaja en bus y le gustaba el boxeo

Ahora sólo le dicen Rodolfo

Rodolfo Rodríguez L.

rodolfo.rodriguez@aldia.co.cr

Siempre muy cordial y caballero, así es en esencia el actor Rodolfo Araya, una antítesis de lo que representaba con su personaje gruñón de “don Pedro” en serie “La Pensión”.

A sus 62 años, Araya comentó que la produción no tiene ningún problema en continuar, ya que el secreto está en los guiones que entretenga y atrapen.

Ante su salida del programa nacional, la gente de su barrio, que asiste a comprar a su minisúper, le dejaron de decir “don Pedro” para llamarlo solo: Rodolfo.

¿Qué le dice finalmente a todos sus seguidores?

Al público general un agradecimiento eterno, yo me siento muy contento y ahí vamos a seguir.

¿Qué se lleva de la relación con sus compañeros?

Con mis compañeros tengo todo el agradecimiento del mundo, además de admiración, se volvieron mis hermanos. Manolo y yo estuvimos todos los 14 años, los demás fueron entrando luego, eso no se puede borrar y respeto la decisión de los que quisieron volver.

¿Piensa en el retiro?

No, me encantaría volver porque la televisión me cautivó, yo ya había estado hace muchos años, pero nunca en una forma tan seguida; las puertas están abiertas.

¿A diferencia de otras profesiones la edad, en la actuación abre otras puertas?

Eso es bastante interesante, porque la mayoría de los que se gradúan, hacen una obra o dos y desaparecen. Creo que tienen la idea de subirse al escenario para que los aplaudan y cuando se dan cuenta del rigor y el estudio que hay que tener se van, porque además no se gana muy bien. Entonces a la hora de montar una obra en la que se ocupan actores adultos, no hay, han desaparecido y yo con mis 62 años considero que estoy con toda la pata (risas).

¿Se le ha acercado alguien a negociar un proyecto?

Me llamaron por teléfono para ver la posibilidad de una obra que va a concursar con la Compañía Nacional de Teatro y yo dije que sí, habrá que esperar un poco.

¿Cómo va el proyecto de “Tamal de Risas”?

Muy bien, la primera versión que hicimos en el teatro Variedades fue de temas navideños, ahora es variado y el guión nos lo está haciendo Mauricio Astorga; no sabía que era tan bueno escribiendo. Nos reímos mucho en los ensayos y la idea es llevarlo a instituciones, a centros educativos y comunidades, ahora tenemos una próxima función en Grecia.

¿Cómo los ha recibido el público de estas zonas?

Como llega tan poco teatro, la gente es demasiado receptiva, hacen filas de horas. Fuimos a San Isidro del General y fueron dos funciones seguidas a teatro repleto con más de 500 personas cada una, la fila le daba vuelta completa a la cuadra.

Buen vendedor

¿A que más se dedica?

Ahora estoy atendiendo el negocio de la familia, en el barrio de Villas de Ayarco, aquí me conocen y he notado algo curioso luego de lo que pasó. Cuando estaba haciendo la serie entraba todo el mundo y me decía “don Pedro” aquí y allá, ahora me dicen don Rodolfo. Por otro lado he sentido que hay un acercamiento más bonito ahora, como que antes había una barrera porque salía en la “tele”, hasta nos aumentaron las ventas.

¿Cómo es este otro trabajo?

Muy bueno, yo antes de ser actor fui vendedor, incluso estudié Administración de Empresas, conozco muchas técnicas de ventas, hice el mejor curso que hay en América que se llama “El vendedor asesor”, además estudié Relaciones Humanas para hablar en público. Me siento en paz y me encanta abrir a las 6 a.m.

¿Mejor padre o abuelo?

Es que como son las más chiquitillas (tiene nietas cuatrillizas), están con ese apapacho y ternura increíble, pero ya mi hijo de 12 años está en la edad de la independencia, entonces hay que andar detrás de él, pienso que es una relación diferente por edades.

¿Por qué sólo anda en bus?

(Risas) Eso fue por un trauma, en mi época de agente vendedor de seguros tuve mi último carro, era un Pick Up Datsun 1200 precioso de color rojo Ferrari, con aros de magnesio. Un día lo metí a arreglar para asegurarlo y le cambié las rótulas de la dirección y al salir de un ensayo por Sabanilla con la calle vacía, le metí la chancleta y se me quebró una rótula, el carro se me movió, toqué un poste, el carro se me elevó y subí la cuesta dando vueltas, sólo quedó entero el campo donde iba yo.

¿Cómo le fue en su última visita al médico?

Fue cuando tenía triglicéridos y colesterol alto, lo normal son 150 y estaba en 516, una bomba de tiempo me dijo la doctora, pero con caminar y comiendo cinco veces al día en cantidades pequeñas, cuatro meses después sorprendentemente estaba normal.