Deportes
Lunes 18 de abril de 2011, San José, Costa Rica
Pasión por el deporte

Jeaustin Campos

El archirrival de los manudos

Esteban Valverde
esteban.valverde@aldia.co.cr

Alajuela. - Desde que ingresó ayer al terreno del Morera Soto, la afición rojinegra le demostró su antipatía, con cánticos e insultos en su contra.

Hablamos del recibimiento que le hicieron los manudos al técnico de Pérez Zeledón, Jeaustin Campos, quien volvió a un reducto en el que a pesar de la derrota mantiene un balance a su favor en cuanto a resultados.

Tanto fue lo que se metieron los rojinegros con el estratega que a la “12” y al resto de aficionados se les olvidó apoyar a su equipo y se concentraron en una canción en particular, la cual decía: “Jeaustin maricón... ”.

Para Campos los hechos que se dieron en el estadio erizo no lo afectaron, más bien lo fortalecieron durante el juego.

“La verdad es que eso me encantó, entre más me gritaron me recordaban mis mejores momentos, yo la verdad me sentí bien y entre más me griten a mí, menos presión tendrán los muchachos dentro del terreno, yo no juego, que me digan todo lo que quieran”, comentó.

La cabeza del cuerpo técnico del Pérez agregó que desafortunadamente lo que para los simpatizantes de la Liga son tristezas, para él son lindos capítulos (las cinco series de muerte súbita que le ganó a la Liga, como técnico de Saprissa).

“Esto lo que me dice es que en el pasado hice un buen trabajo, lo que fue bueno para mí, para ellos no, pero así es el fútbol”, añadió.

Los liguistas se enfocaron en hacerle la vida imposible. Los que se encontraban detrás de la banca además de decirle de todo, hasta intentaron pegarle una bola, pero fallaron por centímetros. Al técnico tuvieron que enviarle integrantes de la seguridad.

“En la cancha nos pellizcábamos, aquí es exactamente igual, es parte del ‘show’, ya cuando se da el lanzamiento de cosas y ese tipo de situaciones, me parece que es muy delicado, es faltar al respeto”, aseguró Jeaustin, quien curiosamente vistió una camisa morada, la cual lució y enseñó cada vez que pudo. “Es que me quedaba un poco grande, tenía que acomodármela”, concluyó.