Nacionales
Domingo 4 de marzo de 2012, Costa Rica

La valentía y el coraje siempre caracterizaron a “Rambo”. Limón llora su pérdida

El gigante de los mares deja viva su memoria

Jéssica Salazar

jessica.salazar@nacion.com

Limón.- Un gesto de despedida a través de la ventana del bus separó por siempre las vidas de Fernando Alberto “Rambo” Montero y su madre Belinda.

“Ese día yo tuve cita en la clínica. Me sentía un poquillo mal y tomé el bus en el hospital. Al pasar por su esquina (donde “Rambo” vendía frutas y pescados), le dije adiós a mi muchacho, sin saber que era un hasta pronto porque él se me adelantó al cielo”.

“Rambo” perdió la vida en una riña, en el sector de Bambú, Limón, la noche del 22 de febrero.

Pese a su ausencia, en el colectivo limonense queda vivo el recuerdo del “pequeño gigante de los mares”, reconocido por sus hazañas al capturar los peces meros más grandes del Caribe.

Con la fuerza de sus pequeñas, pero pesadas manos –comparadas por su madre con un mazo–, pescó un mero de metro y medio de largo y de 180 kilogramos, hace un año y medio.

“Rambo” hizo a todos testigos de su proeza. Llegó a venderlo a su esquina usual, frente a Heladería Díaz, a un costado de la iglesia de Limón.

“Eso fue una locura. Toda la familia vio la noticia, asustados de como “Beto” (así le llamaba su madre) pescó eso. Esa vez comimos mero y a muchos amigos les regalo varias lonjas”, recordó, con orgullo, la madre

Montero aprendió el oficio de la pesca a sus siete años, de la mano de su padre, Julio.

Pero más que un invencible pescador, “Rambo” fue también un amigo dispuesto a extender la mano en tiempos difíciles.

“Hace una semana, estaba haciendo mucho sol. Una señora que iba con un bebé se descompuso porque se le bajó el azúcar.

“Rambo” se tiró a ponerle los brazos y la sentamos en el camión de las verduras para auxiliarla. El martes, un día antes de su muerte, pasó el esposo para agradecerle a ‘Rambo’”, relató su compañero de labores, Arley Fonseca.

Ese deseo de ayudar a los demás hizo que se ganara el corazón de todo un pueblo que hoy lamenta su partida.

Muy trabajador

La infancia de “Rambo” y sus seis hermanos estuvo rodeada por carencias económicas.

Con el uniforme engomado, el pescador cursó la primaria en la escuela de varones General Tomás Guardia, donde sobresalió por sus buenas calificaciones.

Sin embargo, prefirió no ir al colegio para poder trabajar y así ayudar a sus padres. Desde muy corta edad, “Rambo” supo lo que era llevar el pan a su casa.

En 1979, el amor por su país lo llevó a formar parte de la Fuerza Pública. Sirvió a los cuerpos policiales en Puntarenas y Limón. Luego se dedicó a vender lo que sacaba del mar.

De su primer matrimonio engendró a Tatiana Montero, quien vive en Guápiles. Mientras trabajó en la delegación de Limón, conoció a Nuria Taylor, su última compañera sentimental. Con ella vivió 30 años y procreó tres hijos: Jordano, Jardany y Tashira.

La señora era quien le ayudaba a limpiar los pescados para sacar adelante a su familia. La mayor herencia que les dejó fue el valor del trabajo y la honradez.

Días antes de su muerte, “Rambo” le envió a sus padres una bolsa con mangos y melones con la advertencia de que no eran solo para ellos. El miércoles, doña Belinda Delgado aún guardaba las últimas cinco frutas.

Quienes lo conocieron, lamentan su partida

Johnny Enrie
Johnny Enrie

Johnny Enrie, pescador

“Siempre compartía con nosotros. “Rambo” era como el de las películas: muy valiente”

Juan Gómez, pescador

“Su calidad humana era más grande que su tamaño. Era una bella persona. Es triste que ya no esté”.

Junior Parkins, Asoc. Pescadores

“El tamaño de los meros no lo impresionaba. Cuando me dijeron que habían matado a “Rambo”, lloré”.