Deportes
Domingo 14 de agosto de 2011, San José, Costa Rica
Pasión por el deporte

Sin ser protagonistas, las madres de los árbitros son famosas en todos los estadios

Las más mentadas en el fútbol nacional

Sofía Quesada Chavarría

squesada@aldia.co.cr

Siempre alguien tiene que ver con ellas en cada partido, sea en Tibás, Alajuela o Limón, en Primera o en Segunda División o en cualquier rincón del país.

Son las más recordadas, no hay duda de que son famosas como ningún jugador tanto que cada domingo o a mitad de semana reciben numerosos saludos sin siquiera asistir a los estadios.

Ellas, las mamás de los árbitros, son las más mentadas, tanto en “Tiquicia” como en cualquier parte del mundo.

Para evitar roces y uno que otro colerón no van a los estadios pero cada una tiene su historia y su manera de calmar los nervios para no comerse las uñas.

A pesar de que son odiados por la mayoría cuando están en el terreno de juego, los árbitros encuentran en su casa lo que nunca tendrán en una cancha; la tranquilidad y el verdadero amor, el de una madre.

Desde pequeño la puso en congojas

Doña Berta Cordero, mamá de Wálter Quesada, árbitro que ha estado en Copa Oro y América, en la Liga de Campeones de la Concacaf y en eliminatorias mundialista, cuenta que ella fue la primera que se opuso a que se metiera en el arbitraje.

“Cuando llegó con la noticia, cuando tenía 21 años, le dije que no quería que fuera árbitro porque me daba temor, y hasta ahora lo tengo, de que me le hagan algo, que me le peguen o algo así”, dijo Cordero, de 69 años.

A ella nunca le llamó la atención el fútbol pero ahora no se pierde los encuentros en el que su hijo menor es el encargado de impartir justicia.

“A veces me da ‘colerilla’ cuando los comentaristas hablan mal de él, ¡qué va!, uno sufre mucho y siempre me saludan mucho en los estadios”, contó entre risas doña Berta.

Ese pequeño que después del kinder se le escapaba para ir a jugar ‘bola’ a la plaza y que siempre quería ser el “10”, hoy la llena de orgullo y felicidad, y no duda que igual habría sido con su padre, José Herminio.

“Desde hace 21 años soy viuda, mi esposo le gustaba mucho el fútbol pero no llegó a ver a Wálter de árbitro, pero sé que estaría muy feliz”, añadió.

Su principal calmante es rezar para que a Wálter nada le pase. “Antes de cada partido lo encomiendo a Dios y le pido a la Virgencita que le vaya muy bien. A los insultos ya uno está acostumbrado pero si le pido a la gente que entienda que cualquier ser humano se puede equivocar”.